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Canal Diocesano - Popular TV

Radio Santa María de Toledo "PAN DE VIDA"

Pueden escuchar el programa de radio "Pan de Vida" del Arzobispado de Toledo, España. Programa dedicado a fomentar la Adoración Eucaristica perpetua en la Diócesis de Toledo desde que se inició en el año 2005. Lo interesante de este programa es que durante la primera media hora son testimonios de personas que participan en la adoración y cómo les ha cambiado la vida. En la segunda parte D. Jesús, sacerdote y rector de la Capilla, aclara dudas que le surge a la gente, con sencillez y fiel a la doctrina. El Horario (ESPAÑA) Jueves 20 a 21 horas-- Viernes 1 a 2 horas-- Sábado 0 a 1 horas-- Domingo 9 a 10 horas

domingo, 14 de noviembre de 2010

El discurso de Jesús sobre el final de los tiempos

Domingo, 14 Noviembre, 2010
Lucas 21, 5-19


1. Oración inicial

Señor, tú que has creado el cielo, la tierra , el mar y cuanto en ellos hay, tú que por medio del Espíritu Santo por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste:
¿Por qué braman las gentes y los pueblos meditan cosas vanas? Los reyes de la tierra han conspirado y los príncipes se han confederado contra el Señor y contra su Ungido; ...Extiende la mano para que se realicen curaciones, milagros y prodigios en el nombre de tu santo siervo Jesús (Act. 4,24-25.30)”. Llénanos de tu Espíritu como lo hiciste con los apóstoles después de esta plegaria, en los tiempos de prueba, para que también nosotros podamos anunciar la Palabra con franqueza y dar testimonio como profetas de esperanza.



2. Lectio

a) El contexto:

El pasaje se relaciona con el comienzo del discurso de Jesús sobre el final de los tiempos. El pasaje 21,5-35 es toda una unidad literaria. Jesús se encuentra en Jerusalén, en los atrios del Templo, se acerca la hora de su Pasión. Los Evangelios sinópticos (ver también Mt 24; Mc 13) hacen preceder al relato de la pasión, muerte y resurrección, el discurso llamado “escatológico”. La atención no va puesta sobre cada palabra, sino sobre el anuncio del acontecimiento total. La comunidad de Lucas ya tenía conocimiento de los sucesos relacionados con la destrucción de Jerusalén. El evangelista universaliza el mensaje y pone en evidencia el tiempo intermedio de la Iglesia en espera de la venida del Señor en la gloria. Lucas hace referencia al final de los tiempos en otras partes (12,35-48; 17,20-18,18).

b) Una posible división del texto:

Lucas 21, 5-7: introducción
Lucas 21, 8-9: advertencia inicial
Lucas 21, 10-11: las señales
Lucas 21, 12-17: los discípulos puestos en la prueba
Lucas 21, 18-19: protección y confianza

c) El texto:

5 Como algunos hablaban del Templo, de cómo estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo: 6 «De esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.» 7 Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?»
8 Él dijo: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: `Yo soy' y `el tiempo está cerca'. No les sigáis. 9 Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas,pero el fin no es inmediato.» 10 Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. 11 Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo.
12 «Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y cárceles y os llevarán ante reyes y gobernadores por mi nombre; 13 esto os sucederá para que deis testimonio. 14 Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, 15 porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.16 Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros. 17 Todos os odiarán por causa de mi nombre. 18 Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza.19 Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.



3. Momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nuestro corazón e iluminar nuestra vida.



4. Algunas preguntas

- ¿Qué sentimientos me embargan: angustia, espanto, seguridad, confianza, esperanza, duda...?
- ¿Dónde está la buena noticia en este discurso?
- ¿Amamos lo que esperamos y nos conformamos a sus exigencias?
- ¿Cómo reacciono en la pruebas de mi vida de fe?
- ¿Puedo hacer una conexión con los sucesos históricos actuales?
- ¿Qué puesto tiene Jesús hoy en la historia?



5. Meditatio

a) Una clave de lectura:

No nos dejemos arrastrar por las convulsiones exteriores, típicos del lenguaje apocalíptico, sino de los interiores, necesarios, que preanuncian y preparan el encuentro con el Señor. Aunque estamos conscientes que también hoy, en diversas partes del mundo se viven situaciones “apocalípticas”, es posible también una lectura personalizada, ciertamente no evasiva que dirige la atención sobre la responsabilidad personal. Lucas, respecto a los otros evangelistas, subraya que no ha llegado el final, que es necesario vivir la espera con empeño. Abramos los ojos sobre las tragedias de nuestro tiempo, no para ser profeta de desventuras, sino valerosos profetas de un nuevo orden basado en la justicia y la paz.

b) Comentario:

[5] Como algunos hablaban del templo, de cómo estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo: Probablemente Jesús se encuentra en los atrios del templo, considerado el sitio señalado para los dones votivos. Lucas no especifica quiénes son los oyentes, es dirigido a todos, universaliza el discurso escatológico. Este discurso puede referirse al final de los tiempos, pero también al final de cada persona, del propio tiempo de vida. En común está el encuentro definitivo con el Señor resucitado.

[6] “De esto que véis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida” Jesús introduce un lenguaje de desgracias (17,22; 19,43) y vuelve a repetir las admoniciones de los profetas con respecto al templo (Micheas 3,12: Jer 7,1-15; 26,1-19). Es también una consideración sobre la caducidad de toda realización humana, por más maravillosa que sea. La comunidad lucana ya conocía la destrucción de Jerusalén (año 70). Consideremos nuestra conducta con las cosas que perecen con el tiempo.

[7] Le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?”. Los oyentes están interesados sobre los sucesos trastornantes exteriores que caracterizan este acontecimiento. Jesús no responde a esta específica pregunta. El “cuándo” no lo coloca Lucas en relación con la destrucción de Jerusalén. Subraya que “ el fin no es inmediato” (versículo 9) y que “ antes de todo esto...” (v. 12) deberán acontecer otras cosas. Nos interroga sobre la relación entre los acontecimientos históricos y el cumplimiento de la historia de la salvación. Los tiempos del hombre y los tiempos de Dios.

[8] Él dijo: Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: «Yo soy» y «el tiempo está cerca». No les sigáis. Lucas, a diferencia de los otros evangelistas, añade la referencia al tiempo. La comunidad de los primeros cristianos está superando la fase de un regreso próximo del Señor y se prepara al tiempo intermedio de la Iglesia. Jesús recomienda no dejarse engañar o mejor, no ser seducidos por impostores. Hay dos tipos de falsos profetas: los que pretenden venir en nombre de Jesús diciendo “soy yo” o los que afirman que el tiempo ha llegado, que ya se conoce la fecha (10,11; 19,11).

[9] “Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato” También los acontecimientos bélicos, y hoy diremos, la acciones terroristas, no son principio del fin. Todo esto sucede, pero no es la señal del final (Dn 3,28). Lucas quiere prevenir la ilusión del final inminente de los tiempos con la consiguiente desilusión y abandono de la fe.

[10] Entonces les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino,
[11] Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo”. La frase: “entonces les dijo” es una vuelta al discurso después de las advertencias iniciales. Estamos en pleno lenguaje apocalíptico que quiere decir revelación (Is 19,2; 2Cor 15,6) y ocultamiento o velación al mismo tiempo. Se usan imágenes tradicionales para describir la aceleración del cambio de la historia (Is 24,19-20; Zc 14,4-5; Ez 6,11-12, etc.). Lo imaginario catastrófico es como un telón que oculta la belleza del escenario que está detrás: la venida del Señor en la gloria (v.27).

[12] Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y cárceles y os llevarán ante reyes y gobernadores por mi nombre.
[13] Esto os sucederá para que déis testimonio. El cristiano está llamado a conformarse con Cristo. Me han perseguido a mí, también os perseguirán a vosotros. Lucas tiene presente la escena de Pablo delante del rey Agripa y del gobernador Festo (Act. 25,13-26,32). He ahí pues el momento de la prueba. No necesariamente bajo forma de persecución. Santa Teresa del Niño Jesús ha sufrido por 18 meses, desde el descubrimiento de su enfermedad, la ausencia de Dios. Un tiempo de purificación que prepara al encuentro. Es la condición normal del cristiano, la de vivir en una sana tensión, que no es frustración. Los cristianos están llamados a dar testimonio de la esperanza de la que están animados.

[14] Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa,
[15] yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Llega el momento de poner la confianza total en Dios, sólo Dios basta. Es aquella misma sabiduría con la que Esteban refutaba a sus adversarios (Act 6,10). Se le garantiza al creyente la capacidad de resistir a la persecución.

[16] Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros;
[17] Todos os odiarán por causa de mi nombre. Para recordar la protección divina asegurada en los momentos de prueba. Está garantizada también al creyente la custodia de su integridad física.

[19] Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. La perseverancia (confer también: Act 11,23; 13,43; 14,22) es indispensable para producir fruto (8,15), en las pruebas cotidianas y en las persecuciones. Quiere decir el “permanecer” en Cristo del que habla Juan. La victoria final es cierta: el reino de Dios será instaurado por el Hijo del hombre. Es necesario ahora ser perseverantes, vigilantes y en oración (v.36 y 12,35-38). El estilo de vida del cristiano debe convertirse en signo del futuro que vendrá.



6. Oratio: Salmo 98

Cantad al Señor un cántico nuevo

¡Aclama a Yahvé, tierra entera,
gritad alegres, gozosos, cantad!
Tañed a Yahvé con la cítara,
con la cítara al son de instrumentos;
al son de trompetas y del cuerno
aclamad ante el rey Yahvé.
Brame el mar y cuanto encierra,
el mundo y cuantos lo habitan,
aplaudan los ríos,
aclamen los montes,
ante Yahvé, que llega,
que llega a juzgar la tierra.
Juzgará el mundo con justicia,
a los pueblos con equidad.



7. Contemplatio

Dios bueno, cuyo reino es todo amor y paz, crea tú mismo en nuestra alma aquel silencio que te es necesario para comunicarte con ella.
Obrar tranquilo, deseo sin pasión, celo sin agitación: todo esto no puede provenir sino de ti, sabiduría eterna, actividad infinita, reposo inalterable, principio y modelo de la verdadera paz.
Tú nos ha prometido esta paz por boca de los profetas, la has hecho llegar por medio de Jesucristo, y se nos ha dado la garantía con la efusión de tu Espíritu.
No permita que la envidia del enemigo, la turbación de las pasiones, los escrúpulos de la conciencia, nos hagan perder este don celestial, que es la prenda de tu amor, el objeto de tus promesas, el premio de la sangre de tu Hijo. Amén (Teresa de Avila, Vida, 38,9-10

domingo, 7 de noviembre de 2010

El Dios de los vivos

32º Domingo del tiempo ordinario
7 Noviembre 2010

Jesús responde a los Saduceos
que ironizaban sobre la fe en la resurrección

Lucas 20, 27-40

Oración inicial

O misterio infinito de Vida.
Nosotros no somos nada,
y sin embargo podemos alabarte
con la voz de Tu Verbo
que se hizo voz de toda nuestra humanidad.
O Trinidad mía, yo soy nada en Ti,
pero Tú eres todo en mí
y entonces mi nada es Vida… es vida eterna.

María Evangelista de la Santísima Trinidad, O.Carm.

1. Lectio

27 Se acercaron algunos de los saduceos, los que sostienen que no hay resurrección, y le preguntaron: 28 «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si a uno se le muere un hermano casado y sin hijos, debe tomar a la mujer para dar descendencia a su hermano. 29 Pues bien, eran siete hermanos. El primero tomó mujer y murió sin hijos; 30 la tomó el segundo, 31 luego el tercero; y murieron los siete, sin dejar hijos. 32 Finalmente, también murió la mujer. 33 Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque fue mujer de los siete.»
34 Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido; 35 pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, 36 ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección. 37 Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. 38 No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.»
39 Algunos de los escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.» 40 Pues ya no se atrevían a preguntarle nada.

2. Meditatio

a) Llave de Lectura:

● Contexto
Podemos decir que el pasaje que se nos propone para nuestra reflexión constituye una parte central del texto de Lucas 20,20-22,4 y cuyo argumento son las discusiones con los jefes del pueblo. Ya en el comienzo del capítulo 20, Lucas nos presenta algunos conflictos surgidos entre Jesús, los sacerdotes y los escribas (v. 1-19). Aquí Jesús está en conflicto con la escuela filosófica de los Saduceos, que toman su nombre de Zadok, el sacerdote de David (2 Sam 8: 17). Los Saduceos aceptaban como revelación sólo los escritos de Moisés (v. 28) negando así el desarrollo gradual de la revelación bíblica. En este sentido se entiende más la frase “Moisés nos dejó escrito” pronunciada por los Saduceos en este malicioso debate, pensado como una trampa para asechar a Jesús y “sorprenderlo” (v.: 20: 2; 20: 20). Esta escuela filosófica desaparece con la destrucción del templo.

● La ley del levirato

Los Saduceos niegan, pues, la resurrección de los muertos, porque según ellos, este objeto de fe no formaba parte de la revelación que Moisés se les había dado. Lo mismo dígase de cara a la fe en la existencia de los ángeles. En Israel, la fe en la resurrección de los muertos aparece en el libro de Daniel escrito en el 605-530 a.c. (Dan 12: 2-3). La encontramos asimismo en 2 Mac 7: 9, 11, 14, 23. Para ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos, los Saduceos citan la prescripción legal de Moisés sobre el levirato (Dt 25, 5), es decir el antiguo uso de los pueblos semíticos (hebreos inclusive), según el cual el hermano o un pariente cercano de un hombre casado, fallecido sin hijos, tiene que casarse con la viuda, para asegurar (a) al difunto una descendencia (los hijos iban a considerarse legalmente como hijo del difunto), y (b) un marido para la mujer, ya que las mujeres dependían del marido para su sustentamiento. Casos como los arriba citados se citan también en el Antiguo Testamento, en el libro del Génesis y en el libro de Rut.

En el libro del Génesis (38:6-26) se nos dice que “tomó Judá, para Er, su primogénito una mujer llamada Tamar. Er, primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yahvé, y Yahvé le mató. Entonces dijo Judá a Onán: Entra a la mujer de tu hermano y tómala, como cuñado que eres, para suscitar prole a tu hermano.” (Gén 38: 6-8). Pero Onán también es castigado por Dios con la muerte (Gén 38: 10) porque sabiendo Onán “que la prole no sería suya , cuando entraba a la mujer de su hermano, se derramaba en tierra por no dar prole a su hermano” (Gén 38: 9). Viendo esto, Judá envía Tamar a la casa del padre, para no darle como marido Sela, su tercer hijo (Gén 38: 10-11). Tamar entonces, vistiéndose de prostituta, se unió con Judá mismo, y concibió a dos gemelos. Descubierta la verdad, Judá dio razón a Tamar y reconoció que “mejor que yo es ella” (Gén 38: 26).

En el libro de Rut se cuenta la historia de la misma mujer, Rut la moabita, quien se quedó viuda tras haberse casado con uno de los hijos de Elimèlech. Junto con la suegra Noemí, se vio obligada a pedir limosna para sobrevivir, y a recoger en los campos las espigas desechadas por los espigadores, hasta el momento en que se casa con Boaz, pariente de su difunto marido.

El caso propuesto a Jesús por los Saduceos nos recuerda la historia de Tobías, hijo de Tobit, que se casa con Sara hija de Ragüel, viuda de siete maridos, matados todos por Asmodeo, el demonio de la lujuria, en el momento en que se unían a ella. Tobías tiene derecho a casarse con ella porque era de su tribu (Tob 7-9).

Jesús hace notar a los Saduceos que el matrimonio provee a la procreación y por consiguiente es necesario para el futuro de la especie humana, ya que ninguno de los “hijos de este mundo” (v. 34) es eterno Pero “los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo” (v. 35) no toman ni marido, ni mujer ya que “ni pueden ya morir ” (v.35-36), viven en Dios: “porque son como los ángeles y son hijos de Dios, por ser hijos de la resurrección” (v. 36). Ya en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, los ángeles son llamados hijos de Dios (véase por ejemplo Gen 6: 2; Sal 29, 1; Lc 10, 6; 16, 8). Esta frase de Jesús nos recuerda la carta de Pablo a los Romanos, donde está escrito que Jesús es el Hijo de Dios por su resurrección, él, el primogénito de entre los muertos, es por excelencia el hijo de la resurrección (Rom 1, 4). Podemos citar aquí también los textos de san Pablo sobre la resurrección de los muertos como evento de salvación cuya naturaleza es espiritual (1 Cor 15: 35-50).

● Yo soy: El Dios de los vivos

Jesús confirma la realidad de la resurrección citando otro pasaje del Éxodo, esta vez del pasaje de la revelación de Dios a Moisés en la zarza ardiendo. Los Saduceos hacen hincapié en su punto de vista, citando a Moisés. Y del mimo modo Jesús rechaza su argumento citando él también a Moisés: “Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (v. 37). En el Éxodo, vemos que el Señor se revela a Moisés con estas palabras: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (Ex 3: 6). El Señor luego sigue revelando a Moisés su nombre divino: “Yo-Soy” (Ex 3: 14). La palabra hebraica ehjeh, cuya raíz es Hei-Yod-Hei, usada para indicar el nombre divino en Ex 3: 14, significa Yo soy aquel que es; Yo soy aquel que existe. La raíz puede significar asimismovida, existencia. Por ello, Jesús puede concluir: “No es un Dios de muertos, sino de vivos” (v. 38). En este mismo verso Jesús especifica que “para él todos viven”. Al reflexionar sobre la muerte de Jesús, en la carta a los Romanos, Pablo escribe: “Porque muriendo, murió al pecado una vez para siempre: pero viviendo, vive para Dios. Así, pues, haced cuenta de que estáis muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Rom 6:10).

Podemos decir que Jesús, una vez más, hace ver a los Saduceos que la fidelidad de Dio para su pueblo, para la persona individual, no se basa en la existencia o no de un reino político (en el caso de la fidelidad de Dios al pueblo), y tampoco en el tener o no prosperidad y descendencia en esta vida. La esperanza del verdadero creyente no estriba en las cosas de este mundo, sino en el Dios vivo. Por ello, los discípulos de Jesús están llamados a vivir como los hijos de la resurrección, es decir como los hijos de la vida en Dios, como el Maestro y Señor, “como quienes han sido engendrados no de semilla corruptible, sino incorruptible, por la palabra viva y permanente de Dios” (1 Pe 1: 23).

b) Preguntas para ayudar la reflexión:

● ¿Qué te ha llamado la atención en el Evangelio? ¿Qué palabra? ¿Qué actitud particular?
● Trata de releer el texto del Evangelio en el contexto de los otros textos bíblicos citado en la llave de lectura. Busca tu mismo/a otros textos.
● ¿Cómo interpretas el conflicto que surge entre los jefes del pueblo y los Saduceos con Jesús?
● Reflexiona sobre cómo Jesús se escara con el conflicto. ¿Qué aprendes de su comportamiento?
● En tu opinión, ¿cuál es el núcleo de la cuestión en la discusión?
● Para ti, ¿qué significa la resurrección de los muertos?
● ¿Te sientes hijo/a de la resurrección?
● Para ti, ¿qué significa vivir la resurrección desde el momento presente?

3. Oratio

Del Salmo 17

Nos saciaremos, Señor, contemplando tu rostro.

Escucha, Yahvé, mi causa,
hazme caso cuando grito,
presta oído a mi plegaria,
que no hay doblez en mis labios.

Las sendas trazadas, ajustando mis pasos;
por tus veredas no vacilan mis pies.
Te invoco, oh Dios, pues tú me respondes,
inclina a mí tu oído, escucha mis palabras

Protégeme a la sombra de tus alas
Pero yo, rehabilitado, veré tu rostro,
al despertar te contemplaré hasta que quiera.

4. Contemplatio

Del diario místico de la
Hermana María Evangelista de la Santísima Trinidad, O.Carm.

También esta vida terrena está repleta de amor, de dones de “verdad”, dones escondidos y al mismo tiempo revelados por el signo... Siento inmenso agradecimiento por todos los valores humanos. Vivir en comunión con la creación, en amistad con los hermanos, en apertura hacia la obra de Dios y la obra del hombre, en permanente experiencia de los dones de la vida, aunque sean dones sufridos, aunque sean sencillamente humanos, es una gracia continua, un don que no termina.

domingo, 31 de octubre de 2010

La conversión de Zaqueo

31º Domingo del tiempo ordinario
Domingo, Octubre 31, 2010

La conversión de Zaqueo
Lucas 19, 1-10

1. LECTIO

a) Oración inicial:

Oh Dios, creador y Padre de todos los hijos de Abrahám, concédenos la luz de tu Espíritu para poderte servir de un modo meritorio y digno, haz que caminemos sobre los pasos de tu Palabra demostrando con las obras que somos discípulos del único Maestro que se ha hecho hombre por nuestro amor y por nuestra salvación.

b) Lectura del evangelio:

1 Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. 2 Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. 3Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. 4 Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. 5 Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» 6 Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. 7 Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» 8 Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» 9 Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, 10 pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»

c) Momentos de silencio:

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura:

En el relato del Evangelio, Lucas gusta mostrar la misericordia del Maestro hacia los pecadores. Lc 19, 1-10 es un ejemplo. La narración de la conversión de Zaqueo nos demuestra que ninguna condición humana es incompatible con la salvación: Hoy la salvación ha entrado en esta casa, porque también éste es hijo de Abrahám, (Lc 19, 9) declara Jesús. El texto que abre el capítulo 19, viene después de las enseñanzas y comportamientos de Jesús, que nos ha presentado en el capitulo 18. En este capítulo encontramos la parábola del fariseo que juzga y el publicano que se humilla delante de Dios y pide perdón (Lc 18, 9-14). En seguida tenemos la escena de Jesús que acoge a los niños, advirtiendo a los discípulos que a quien es pequeño como ellos le pertenece el reino de Dios... el que no acoge el reino de Dios como un niño no entrará en él (Lc 18, 16-17). A renglón seguido Jesús demuestra al rico notable que quiere alcanzar la vida eterna (Lc 18, 18), la necesidad de vender todo y distribuir los bienes a los pobres para poder seguir a Jesús y obtener un tesoro en los cielos (Lc 18, 22). Sigue después la enseñanza de Jesús sobre las riquezas que obstaculizan la salvación y la promesa de ser recompensados a aquellos que renuncian a todo por causa del Reino de Dios (Lc 18, 24-30). Estas partes del capítulo 18 parecen conducirnos al relato de la conversión de Zaqueo. Antes de este relato siguen otros dos textos con detalles importantes.

1. El tercer anuncio de la Pasión donde una vez más Jesús nos recuerda que andamos a Jerusalén (Lc 18, 31). Parece que Lucas quisiera meter todo en el contexto del sequela Christi (seguimiento de Cristo); y
2. La curación del ciego de Jericó, que llamaba a Jesús, aunque la gente le impedía acercarse al Maestro (Lc 18, 35-39). Jesús dando de nuevo la luz a los ojos entenebrecidos, declara que la fe ha salvado a este ciego (Lc 18, 42). Recobrada la vista, el ciego podía seguir glorificando a Dios (Lc 18, 43).

Estos dos textos, junto a los precedentes, iluminan la narración de la conversión de Zaqueo. En el relato encontramos detalles sorprendentes que están ya presentes en los textos citados:

1. Zaqueo, un hombre rico, jefe de publicanos – Lc 19,2
2. Trataba de ver a Jesús, pero a causa de la muchedumbre no lo conseguía - Lc 19,3
3. Era pequeño de estatura – Lc 19,3
4. El juicio de la muchedumbre que señala a Zaqueo como: pecador – Lc 19,7
5. La distribución de los bienes a los pobres – Lc 19,8
6. La declaración de Jesús diciendo que la salvación ha entrado en casa de Zaqueo – Lc 19,9.

Zaqueo, pequeño de estatura, hombre rico, jefe de publicanos, acoge el reino de Dios como un niño. Humillándose y arrepintiéndose de su pasado encuentra la salvación que viene de Dios en Jesús Cristo buen Samaritano (Lc 10, 29-37) que nos viene al encuentro a buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc 19, 10). Un tema al gusto de Lucas que puede verse en otras partes de su narración evangélica (ejemplo: Lc 15, 11-31)

b) Tema para la reflexión personal:

Colócate en silencio delante de la Palabra de Dios, reflexiona sobre los textos presentados en esta clave de lectura. Pregúntate:

1. ¿Qué conexión existe entre estos textos?
2. ¿Qué significa la salvación para ti?
3. Zaqueo, pequeño de estatura, nos muestra su disponibilidad para acoger a Jesús. ¿Qué haces tú para demostrar tu disponibilidad para recibir la salvación de Dios?
4. El gesto de Zaqueo nos recuerda la curiosidad de Moisés que le empuja hacia la zarza ardiente. También Moisés encontró la salvación. ¿Te acercas tú al Señor? ¿Te sientes atraído por Él?
5. Jesús va al encuentro de Zaqueo en su pecado y en aquella casa le dona la salvación. ¿Cuál es tu atadura al pecado? ¿Deja que el Maestro te encuentre allí, en aquella casa obscura?

3. ORATIO

a) La oración de la comunidad:

Oh Dios, que en tu Hijo has venido a buscar y salvar lo que estaba perdido, haznos dignos de tu llamada: lleva a buen fin toda nuestra voluntad de bien, para que sepamos acogerte con gozo en nuestra casa para compartir los bienes de la tierra y del cielo. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

b) Momento de silencio:

para la oración personal.

4. CONTEMPLATIO

Tú me indicas el sendero de la vida, Señor,
gozo pleno en tu presencia
(Salmo 15/16, 11)

domingo, 24 de octubre de 2010

«¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!»

Domingo de la Semana 30ª del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 12-14. 16-18
«El Señor es juez, y no hay ante él acepción de personas. No hará acepción de personas
contra el pobre, pero escuchará la súplica del oprimido. No desdeña la súplica del huérfano ni la de la viuda si prodiga ante él sus quejas. El que sirve al Señor como él quiere es aceptado, y su súplica llega a las nubes. La súplica del humilde atraviesa las nubes; no descansa hasta llegar a Dios, y no se retira hasta que intervenga el altísimo, reconozca el derecho de los justos y les haga justicia.»

Lectura de la segunda carta de San Pablo a Timoteo 4, 6-8.16-18
«Porque yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He competido en la noble competición, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación».

En mi primera defensa nadie me asistió, antes bien todos me desampararon. Que no se les tome en cuenta. Pero el Señor me asistió y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me salvará guardándome para su Reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.»

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 18, 9 -14
«Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: "¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias."

En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!" Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado".»

 Pautas para la reflexión personal
El vínculo entre las lecturas

Los términos «justicia y oración» resumen bien las lecturas de hoy. En la parábola evangélica tanto el fariseo como el publicano oran en el templo, pero Dios hace justicia y sólo el último es justificado. El Sirácida, en la primera lectura, aplica la justicia divina a la oración y enseña que Dios, justo juez, no tiene acepción de personas y por eso escucha la oración del humilde que «atraviesa las nubes». Finalmente, San Pablo le revela a Timoteo sus sentimientos y deseos más íntimos: «Me aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo juez» (Segunda Lectura).

Dos actitudes ante Dios

La parábola del fariseo y el publicano presenta dos actitudes completamente opuestas frente a la salvación que proviene de Dios. El fariseo se presenta ante Dios, confiado en sus buenas obras y seguro de merecer la salvación gracias a su fiel cumplimiento de la ley: «Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias, etc.». La seguridad en sí mismo está expresada en su actitud y su relación con los demás hombres. «De pie, oraba en su interior y decía: ¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano». Se tiene por justo y su relación con Dios es la del que puede exigir: él ha realizado las obras que ordena la ley y Dios le está debiendo la salvación. El publicano, por otro lado, ni siquiera se sentía digno de «alzar los ojos al cielo».

¿Quiénes eran los «fariseos»?

Para comprender la actitud autosuficiente del fariseo es conveniente saber quiénes eran estos señores. Ante todo la palabra «fariseo» proviene del hebreo «perushim» que significa: separados, segregados. En su origen era el nombre dado a una secta de origen religioso que se aisló del resto del pueblo, probablemente a fines del siglo II a.C., para poder vivir estrictamente las normas de la ley, pues creían obtener la salvación por esta observancia. En la mayoría de los casos, sus miembros eran personas corrientes, no sacerdotes que ampliaban a menudo el alcance de las leyes hasta el punto de que estas resultaban difíciles de observar. Deben de haber sido unos 6,000 miembros en la época de Jesús.

El peligro de tales grupos es el de despreciar a los demás hombres, considerándolos como una «masa» de infieles. Una actitud análoga se repite en la historia: es el caso de la secta gnóstica de los perfectos, de los cátaros (puros) en el medioevo, de los puritanos, etc. Una reedición de esta actitud, aunque pueda parecer extraño, se da en ciertos grupos actuales que se consideran poseedores de «conocimientos milenarios» que son revelados solamente a aquellos que, puntualmente, pagan su cuota mensual. Los vemos por doquier y de las más diversas formas (autores de libros de autoayuda, cursos de Nueva Acrópolis, el oráculo de los arcanos, entre otros). A éstos va dirigida la parábola de Jesús, pues ellos ya se consideran justos y, por tanto, para ellos la venida de Cristo y su sacrificio en la cruz resultan inútiles y sin sentido.

¿Quién era un «publicano»?

Por otro lado «Publicano» es el nombre que se daba en Israel a los recaudadores de los impuestos así como de los derechos aduaneros, con que Roma gravaba al pueblo. En ese tiempo eran los que entendían de finanzas y son presentados como ricos e injustos. Algunos de ellos abusaban de la gente y por eso eran odiados y «despreciados» ya que éstos eran obligados a entregar al gobierno de Roma una cantidad estipulada, pero el sistema se prestaba a obtener más de lo acordado y embolsarse así el restante.

Autores paganos, como Livio y Cicerón, señalan que los publicanos habían adquirido mala fama en sus días a causa de los referidos abusos. Los judíos que se prestaban para este trabajo tenían que alternar mucho con los gentiles y, lo que era peor, con los conquistadores; por eso se les tenía por inmundos ceremonialmente (ver Mt 18,17). Estaban excomulgados de las sinagogas y excluidos del trato normal; como consecuencia se veían obligados a buscar la compañía de personas de vida depravada, los «pecadores» (ver Mt 9,10-13; Lc 3,12ss; 15,1).

Ellos son, justamente, la antítesis de los fariseos: son pecadores, y están conscientes de serlo, es decir, no presumen de «justos». Un exponente típico de este grupo es Zaqueo, jefe de los publicanos, descrito como «publicano y rico»; otro publicano es Mateo, de rango inferior que Zaqueo, a quien Jesús llama mientras está «sentado en el despacho de impuestos» (Mt 9,9). Para ambos el encuentro con Jesús fue la salvación.

¿Qué oración fue escuchada por el Señor?

En la parábola presentada por Jesús el publicano «se mantenía a distancia, no se atrevía a alzar los ojos al cielo y se golpeaba el pecho diciendo: ¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy un pecador!» La conclusión es que «éste bajó a su casa justificado y aquél no». Bajó justificado no por ser publicano, ni por ser injusto, sino por reconocerse pecador y perdido; él no ostenta su propia justicia ni confía en su esfuerzo personal; confía sólo en la misericordia de Dios e implora de Él la salvación. Reconoce así que la salvación es obra sólo de Dios, que Él la concede como un don gratuito, inalcanzable a las solas fuerzas humanas.

El fariseo, en cambio, volvió a su casa sin ser justificado, no porque ayunara y pagara el diezmo, no porque fuera una persona de bien -estas cosas es necesario hacerlas-, sino por creer que gracias a esto es ya justo ante Dios y Dios le debe la salvación que él se ha ganado con su propio esfuerzo. Para éstos Cristo no tiene lugar; ellos creen que se pueden salvar solos. A ellos se refiere Jesús cuando dice: «He venido a llamar no a los justos, sino a los pecadores» (Mt 9,13).

«Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes»

Ahora podemos observar la ocasión que motivó esta enseñanza: «Jesús dijo esta parábola a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás». A éstos los resiste Dios porque son soberbios. «Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes» (St 4,6; 1P 5,5). Éste es un axioma que describe las relaciones de Dios con el hombre. Dios creó al hombre para colmarlo de sus bienes y hacerlo feliz, sobre todo, con el don de su amistad y de su propia vida divina. Pero encuentra un solo obstáculo que la libertad del hombre le puede oponer: la soberbia. Cuando el hombre se pone ante Dios en la actitud de que él puede, con su propio esfuerzo, alcanzar la salvación, eso «bloquea» a Dios, aunque decir esto pueda parecer excesivo.

En su comentario a los Salmos, San Agustín hace una magnífica definición de quién es el soberbio: «¿Quién es el soberbio? El que no confiesa sus pecados ni hace peniten¬cia, de manera que por la humildad pueda ser sanado. ¿Quién es el soberbio? El que atribuye a sí mismo aquel poco bien que parece hacer y niega que le venga de la misericordia de Dios. ¿Quién es el soberbio? El que, aunque atribuya a Dios el bien que hace, desprecia a los que no lo hacen y se exalta sobre ellos». El mismo San Agustín aplicando esta definición de la soberbia a la parábola del fariseo y el publicano, agrega: «Aquél era soberbio en su obras buenas; éste era humilde en sus obras malas. Pues bi¬en, -¡observad bien hermanos!- más agradó a Dios la humildad en las obras malas que la sober¬bia en las obras buenas. ¡Cuánto odia Dios a los sober¬bios!». Tenerse por justo ante Dios no sólo es soberbia, sino una total insensatez.

Dios, el Juez justo y bueno

Algo que también impresiona en los textos litúrgicos de este Domingo, es que al decirnos la actitud de Dios ante el orante, subraya la de juez. No se excluye que Dios sea Padre, pero es un Padre que hace justicia. Hace justicia a quien eleva su oración con la actitud adecuada, como el publicano, y lo justifica; y hace justicia a quien ora con actitud impropia, como el fariseo, que sale del templo sin el perdón de Dios, porque, por lo visto, no lo necesitaba y quizás ni lo quería. Dios es un juez que no tiene acepción de personas, y por eso escucha con especial atención al frágil, al débil; que le suplica en su desdicha y dolor. Su oración «penetra hasta las nubes», es decir hasta allí donde Dios mismo tiene su morada.

Dios juzga al orante según sus parámetros de redentor, y no conforme a los parámetros del orante o de otros hombres. En la respuesta al orante Dios no actúa por capricho, sino para restablecer la «equidad», la justicia. Por eso, la corona que Pablo espera no es fruto del mérito personal, cuanto justicia de Dios para con él y para con todos los que son imitadores suyos en el servicio al Evangelio. La oración del justo, dice San Agustín, es la llave del cielo; la oración sube y la misericordia de Dios baja.

Una palabra del Santo Padre:

«Es necesario sobre todo comprender bien la grandeza fundamental y la dignidad de la oración. Oración de cada hombre Y también de toda la Iglesia orante. La Iglesia llega, en cierto modo, tan lejos como la oración. Dondequiera haya un hombre que ora.

Es necesario orar basándose en este concepto esencial de la oración. Cuando los discípulos pidieron al Señor Jesús: “Enséñanos a orar”, Él respondió pronunciando las palabras de la oración del Padrenuestro, creando así un modelo concreto y al mismo tiempo universal. De hecho, todo lo que se puede y se debe decir al Padre está encerrado en las siete peticiones que todos sabemos de memoria. Hay en ellas una sencillez tal, que hasta un niño las aprende, y a la vez una profundidad tal, que se puede consumir una vida entera en meditar el sentido de cada una de ellas. ¿Acaso no es así? ¿No nos habla cada una de ellas, una tras otra, de lo que es esencial para nuestra existencia, dirigida totalmente a Dios, al Padre? ¿No nos habla del “pan de cada día”, del “perdón de nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos”, y al mismo tiempo de preservarnos de la “tentación” y de “librarnos del mal”?

Cuando Cristo, respondiendo a la pregunta de los discípulos “enséñanos a orar”, pronuncia las palabras de su oración, enseña no sólo las palabras, sino enseña que en nuestro coloquio con el Padre debemos tener una sinceridad total y una apertura plena. La oración debe abrazar todo lo que forma parte de nuestra vida. No puede ser algo suplementario o marginal. Todo debe encontrar en ella su propia voz. También todo lo que nos oprime; de lo que nos avergonzamos; lo que por su naturaleza nos separa de Dios. Precisamente esto, sobre todo. La oración es la que siempre, primera y esencialmente, derriba la barrera que el pecado y el mal pueden haber levantado entre nosotros y Dios.

A través de la oración todo el mundo debe encontrar su referencia justa: esto es, la referencia a Dios: mi mundo interior y también el mundo objetivo, en el que vivimos y tal como lo conocemos. Si nos convertimos a Dios, todo en nosotros se dirige a Él. La oración es la expresión precisamente de este dirigirse a Dios; y esto es, al mismo tiempo, nuestra conversión continua: nuestro camino».

Juan Pablo II. Audiencia General. Miércoles 14 de marzo de 1979.

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana

1. ¿Con qué actitud me aproximo al Señor, como la del fariseo o la del publicano?

2. Leamos y meditemos el Salmo 32 (31): el reconocimiento del pecado obtiene la misericordia de Dios.

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 2607-2619.

domingo, 17 de octubre de 2010

El ejemplo de la viuda

29º Domingo del tiempo ordinario
Domingo, Octubre 17, 2010


Una verdadera oración:
el ejemplo de la viuda

Lucas 18, 1-8

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

La liturgia de este domingo nos pone delante un texto del Evangelio de Lucas que habla de oración, un tema muy querido para Lucas. Es la segunda vez que este evangelista trae palabras de Jesús para enseñarnos a orar. La primera vez (Lc 11,1-13), introduce el texto del Padre Nuestro y mediante comparaciones y parábolas, nos enseña que debemos orar siempre, sin desfallecer. Ahora, esta segunda vez, (Lc 18,1-4), Lucas recurre de nuevo a parábolas extraídas de la vida de cada día para dar instrucciones sobre la oración: la parábola de la viuda y del juez (18,1-8), del fariseo y del publicano (Lc 18,9-14). Lucas presenta las parábolas de un modo didáctico. Para cada una de ellas, prepara una breve introducción que sirve de clave de lectura. Después viene la parábola, y, finalmente, Jesús mismo aplica la parábola a la vida. El texto de este domingo se limita a la primera parábola de la viuda y del juez (Lc 18,1-9). En el curso de la lectura es bueno prestar atención a cuanto sigue: “¿Cuáles son las actitudes de las personas que aparecen en esta parábola?”

b) Una división del texto para ayudar a leerlo:

Lucas 18,1: Una clave que Jesús ofrece para entender la parábola
Lucas 18,2-3: El contraste entre el Juez y la Viuda
Lucas 18 4-5: El cambio del juez y el porqué de tal cambio
Lucas 18, 6-8a: Jesús aplica la Parábola
Lucas 18,8b: Una frase final para provocar

c) El texto:

1 Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer: 2 «Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. 3 Había en aquella misma ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: `¡Hazme justicia contra mi adversario!' 4 Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: `Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, 5 como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de una vez de importunarme.'»
6 Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; 7 pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? 8 Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Qué punto de este texto te ha gustado más?
b) ¿Cuáles son las actitudes de la viuda? O ¿qué es lo que más llama la atención de lo que hace y dice?
c) ¿Qué es lo que llama la atención en la actitud y hablar del juez? ¿Por qué?
d) ¿Qué aplicación hace Jesús de la parábola?
e) ¿Qué nos enseña la parábola sobre el modo de ver la vida y las personas?

5. Una clave de lectura

para profundizar mayormente en el tema

a) El contexto histórico

En el análisis del contexto histórico del Evangelio de Lucas debemos tener siempre en cuenta esta doble dimensión: la época de Jesús después de los años treinta y la época de los destinatarios del Evangelio de los años ochenta. Estas dos épocas influyen, cada una a su modo, en la redacción del texto y deben estar presentes en el esfuerzo que hacemos para descubrir el sentido que las palabras de Jesús tienen hoy para nosotros.

b) El contexto literario:

El contexto literario inmediato nos presenta dos parábolas sobre la oración: orar con insistencia y perseverancia (la viuda y el juez) (Lc 18, 1-8); orar con humildad y realismo (el fariseo y el publicano) (Lc 18, 9-14). A pesar de su diferencia, estas dos parábolas tienen algo en común. Nos enseña que Jesús tenía un modo diverso de ver las cosas de la vida. Jesús descubría una revelación de Dios allí donde todo el mundo descubría algo negativo. Por ejemplo, descubría algo de positivo en el publicano, de quien todos decían; “¡No sabe rezar!” Y en la viuda pobre, de quien se decía: “¡Es tan insistente que importuna incluso al juez!” Jesús vivía tan unido al Padre que todo se transformaba para Él en fuente de oración. Son muchos los modos con los que una persona puede expresarse en la oración. Hay personas que dicen: “ No sé rezar”, pero conversan con Dios todo el día. ¿Conocéis personas así?

c) Comentando el texto:

Lucas 18,1: La clave para entender la parábola
Lucas comienza una parábola con la frase siguiente: “Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer”. La recomendación “orar sin desfallecer” aparece muchas veces en el Nuevo Testamento (1 Tes 5,17; Rom 12,12; Ef 6,8; etc.). Era una de las características de la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas. Y también uno de los puntos en los que Lucas insiste mayormente, tanto en el Evangelio como en las Actas. Si os interesa descubrir esta dimensión en los escritos de Lucas, haced un ejercicio: leed el Evangelio y las Actas y anotad los versículos en los que Jesús u otras personas están orando. ¡Os sorprenderíais!

Lucas 18, 2-3: El contraste entre la viuda y el juez
Jesús nos muestra dos personajes de la vida real: un juez sin consideración a Dios ni al prójimo, y una viuda que no desiste en luchar por sus derechos ante el juez. El simple hecho de que Jesús nos muestre estos dos personajes revela que conoce la sociedad de su tiempo. La parábola no sólo presenta a la pobre gente que lucha ante los tribunales para ver reconocido sus derechos, sino deja también entrever el contraste violento entre los grupos sociales. Por un lado, un juez insensible, sin religión. Por otro, la viuda que sabe a qué puerta llamar para obtener lo que le es debido.

Lucas 18, 4-5: El cambio que se da en el juez y el por qué del cambio
Por mucho tiempo, pidiendo la misma cosa cada día, la viuda no obtiene nada del juez inicuo. Finalmente el juez, a pesar de que “no temía Dios ni respetaba a ninguno”, decide atender a la viuda y hacerle justicia. El motivo es: liberarse de las continuas molestias. Motivo para su interés. ¡ Pero la viuda obtiene lo que quería! Es esto un hecho de la vida de cada día, del que Jesús se sirve para enseñarnos a orar.

Lucas 18, 6-8: Una aplicación de la parábola
Jesús aplica la parábola: “Oíd lo que dice el juez injusto; pues ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar?” Y añade que Dios hará justicia en breve. Si no fuese Jesús el que nos habla, no tendríamos el valor de comparar a Dios con un juez en la forma de comportarse moralmente. Lo que importa en la comparación es la conducta de la viuda que gracia a su insistencia, obtiene lo que quiere.

Lucas 18,8b: Palabras sobre la fe
Al final, Jesús expresa una duda: “ Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” ¿Tendremos el valor de esperar, de tener paciencia, aunque Dios tarde en respondernos? Es necesario tener mucha fe para continuar resistiendo y para obrar, a pesar de que no se vean los resultados. Quien espera resultados inmediatos, se dejará vencer por el desaliento. En otros diversos puntos de los salmos se habla de esta resistencia dura y difícil delante de Dios, hasta que Él responda (Sal 71,14; 37,7;69,4; Lm 3,26). Citando el salmo 80, San Pedro dice, que para Dios un día es como mil años (2 Pe 3,8; Sal 90,4).

d) Profundizando: La oración en los escritos de Lucas

i. El Jesús que ora en el Evangelio

Los evangelios nos presentan una imagen de Jesús que ora, que vive en contacto permanente con el Padre. La aspiración de vida de Jesús es hacer la voluntad del Padre (Jn 5,19). Lucas es el evangelista que nos dice más cosas sobre la vida de oración de Jesús. Nos presenta a Jesús en constante oración. Jesús oraba mucho e insistía, para que la gente y sus discípulos hiciesen lo mismo. Y es en el confrontarse con Dios donde aparece la verdad y la persona se encuentra consigo misma en toda su realidad y humildad. He aquí algunos momentos en el Evangelio de Lucas en los que aparece Jesús orando:

Lc 2,46-50: Cuando tiene doce años va al templo a la Casa del Padre
Lc 3,21: Cuando es bautizado y asume su misión, ora
Lc 4,1-2: Cuando empieza su misión, pasa cuarenta días en el desierto
Lc 4,3-12: En la hora de la tentación, se enfrenta al diablo con textos de la Escritura
Lc, 4,16: Es costumbre de Jesús participar en las celebraciones, en las sinagogas, el sábado
Lc 5,16; 9,18: Busca la soledad del desierto, para orar
Lc 6,12: La tarde antes de escoger a los Apóstoles, pasa la noche orando
Lc 9,16; 24,30: Reza antes de las comidas
Lc 9,18: Antes de hablar de la realidad y de su pasión, ora
Lc 9,28: Durante la crisis, en el Monte para orar, se transfigura cuando ora
Lc 10,21: Cuando el Evangelio es revelado a los pequeños, dice: “Te doy gracias, Padre...”
Lc 11,1: Orando, despierta en los discípulos deseos de orar
Lc 22,32: Ora por Pedro, para aumentar su fe
Lc 22, 7-14: Celebra la Cena Pascual con sus discípulos
Lc 22, 41- 42: En el Huerto de los Olivos ora, sudando sangre
Lc 22, 40.46: En la angustia de la agonía pide a sus amigos que oren con él
Lc 23, 34: En el momento de ser clavado en la cruz, pide perdón para sus verdugos
Lc 23,46: Sal 31,6: En la hora de la muerte dice: “En tus manos encomiendo mi espíritu”
Lc 23,46: Jesús muere teniendo en los labios el grito del pobre

Este elenco de citas indica que, para Jesús, la oración estaba íntimamente unida a su vida, a los hechos concretos, a las decisiones que debía tomar. Para ser fiel al proyecto del Padre, trataba de permanecer a solas con Él. De escucharlo. En los momentos difíciles y decisivos de su vida, Jesús rezaba los Salmos. Como cualquier otro judío piadoso, los conocía de memoria. La recitación de los salmos no apagó en Él el espíritu creativo. Al contrario, Jesús inventa él mismo un salmo: Es el Padre Nuestro. Su vida fue una plegaria perenne: “En cada momento hago lo que el Padre pide que haga” (Jn 5, 19.30) Él se aplica lo que dice el salmo: “...mientras yo estoy en oración “ (Sal 109,4)

ii. Las Comunidades orantes en las Actas de los Apóstoles

Como sucede en el Evangelio, también en las Actas, Lucas habla a menudo de la oración. Los primeros cristianos son los que continúan la oración de Jesús. A continuación, un elenco de textos que de un modo u otro, hablan de oración. Si observáis con mucha atención, descubriréis también algunos más:

Act 1,14: La comunidad persevera en oración con María, la Madre de Jesús
Act 1,24: La comunidad reza para saber cómo elegir al sustituto de Judas
Act 2, 25-35: Pedro cita los salmos durante la predicación
Act 2,42: Los primeros cristianos son asiduos en la oración
Act 2, 46-47: Frecuentan el templo para alabar a Dios
Act 3,1: Pedro y Juan van al templo para la oración de la tarde
Act 3,8: El tullido curado alaba a Dios
Act 4,23-31: La comunidad ora en la persecución
Act 5,12: Los primeros cristianos permanecen en el pórtico de Salomón (templo)
Act 6,4: Los apóstoles se dedican a la oración y a la palabra
Act 6,6: Rezan antes de imponer las manos sobre los diáconos
Act 7,59: En la hora de la muerte, Esteban reza: “ Señor, recibe mi espíritu”
Act 7,60: Y antes, Esteban reza: “Señor, no les impute este pecado”
Act 8,15: Pedro y Juan rezan para que los convertidos reciban el Espíritu Santo
Act 8,22: Al pecador se le dice: “ Conviértete y reza, así obtendrás el perdón”
Act 8,24: Simón dice: “Orad por mí al Señor para que no me suceda nada de lo que habéis dicho”
Act 9,11: Pablo está orando
Act 9,40: Pedro reza por la curación de “Gacela”
Act 10,2: Cornelio oraba a Dios constantemente
Act 10,4: La oración de Cornelio sube al cielo y es escuchada
Act 10,9: En la hora de sexta, Pedro se halla orando en la terraza de la casa
Act 10,30-31: Cornelio ora en la hora nona y su oración es escuchada
Act 11,5: Pedro informa a la gente de Jerusalén: “Él estaba en oración”
Act 12,5: La comunidad reza cuando Pedro está en la cárcel
Act 12,12: En casa de María, hay muchas personas recogidas en oración
Act 13, 2-3: La comunidad reza y ayuna antes de enviar a Pablo y Bernabé
Act 13,48: Los misioneros rezan para nombrar los coordinadores de las comunidades
Act 16,13: En Filipos, junto al río, hay un lugar de oración
Act 16,16: Pablo y Silas van a la oración
Act 16,25: De noche, Pablo y Silas cantan y rezan en la prisión
Act 18,9: Pablo tiene una visión del Señor durante la noche
Act 19,18: Muchos confiesan sus pecados
Act 20,7: Estaban reunidos para la fracción del pan (Eucaristía)
Act 20, 32: Pablo recomienda a Dios los coordinadores de las comunidades
Act 20,36: Pablo reza de rodillas por los coordinadores de las comunidades
Act 21,5: Se arrodillan en la playa para rezar
Act 21,14: Ante lo inevitable, la gente dice: “¡Hágase la voluntad de Dios!
Act 21,20: Glorifican a Dios por cuanto ha hecho por Pablo
Act 21,26: Pablo va al templo a cumplir una promesa
Act 2,17-21: Pablo va al templo, tiene una visión y habla con Dios
Act 23,11: En la cárcel de Jerusalén: Pablo tiene una visión de Jesús
Act 27,23ss: Pablo tiene una visión de Jesús durante la tormenta en el mar
Act 27,35: Pablo toma el pan, da gracias a Dios antes de llegar a Malta
Act 28,8: Pablo reza por el padre de Publio enfermo por la fiebre
Act 28,15: Pablo da gracias a Dios cuando ve a los hermanos en Pozzuoli

Este elenco indica dos cosas muy significativas. Por una parte que los primeros cristianos conservan la liturgia tradicional del pueblo. Como Jesús, rezan en casa, en familia, en la comunidad, en la sinagoga y junto a la gente en el templo. Por otro lado, más allá de la liturgia tradicional, surge en ellos un nuevo modo de rezar con un nuevo contenido. La raíz de esta nueva oración nace de la nueva experiencia de Dios en Jesús y de la conciencia clara y profunda de la presencia de Dios en medio de la comunidad:”¡En Él vivimos, nos movemos y existimos!” (Act 17,28)

6. Oración: Salmo 63 (62)

El desiderio de Dios que se muestra en la plegaria

Dios, tú mi Dios, yo te busco,
mi ser tiene sed de ti,
por ti languidece mi cuerpo,
como erial agotado, sin agua.
Así como te veía en el santuario,
contemplando tu fuerza y tu gloria,
-pues tu amor es mejor que la vida,
por eso mis labios te alaban-,
así quiero bendecirte en mi vida,
levantar mis manos en tu nombre;
me saciaré como de grasa y médula,
mis labios te alabarán jubilosos.

Si acostado me vienes a la mente,
quedo en vela meditando en ti,
porque tú me sirves de auxilio
y exulto a la sombra de tus alas;
mi ser se aprieta contra ti,
tu diestra me sostiene.

Mas los que tratan de acabar conmigo,
¡caigan en las honduras de la tierra!
¡Sean pasados a filo de espada,
sirvan de presa a los chacales!
Pero el rey en Dios se alegrará,
el que jura por él se felicitará,
cuando cierren la boca a los mentirosos.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 10 de octubre de 2010

Vivir agradecidamente


Vivir agradecidamente.
Ante la vida caben dos actitudes: la del agradecimiento, o la del aprovechamiento egoísta que nos hace ser insolidarios. De los diez leprosos curados sólo uno regresa para mostar a Jesús su agradecimiento y, para más inri, se trata de un extranjero, por tanto de un pagano, de un no creyente, según el concepto judaico. Pero su actitud es ensalzada por Jesús. Si fuésemos capaces de mostar nuestra gratidud, de sentirla y expresarla, seríamos más felices y haríamos más felices a los demás, porque estaríamos en condiciones de valorar lo que sí tiene gran valor, y lo que no. La gratitud es gesto de humildad.