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Canal Diocesano - Popular TV

Radio Santa María de Toledo "PAN DE VIDA"

Pueden escuchar el programa de radio "Pan de Vida" del Arzobispado de Toledo, España. Programa dedicado a fomentar la Adoración Eucaristica perpetua en la Diócesis de Toledo desde que se inició en el año 2005. Lo interesante de este programa es que durante la primera media hora son testimonios de personas que participan en la adoración y cómo les ha cambiado la vida. En la segunda parte D. Jesús, sacerdote y rector de la Capilla, aclara dudas que le surge a la gente, con sencillez y fiel a la doctrina. El Horario (ESPAÑA) Jueves 20 a 21 horas-- Viernes 1 a 2 horas-- Sábado 0 a 1 horas-- Domingo 9 a 10 horas

viernes, 15 de noviembre de 2019

Viernes de la trigesimosegunda semana de Tiempo Ordinario.

Viernes de la trigesimosegunda semana de Tiempo Ordinario. [15-11-19]

  • PRIMERA LECTURA
Si HAN SIDO CAPACES DE ESCUDRIÑAR EL UNIVERSO, ¿CÓMO NO ENCONTRARON A SU SEÑOR?


Lectura del libro de la Sabiduría 13, 1-9
Son necios por naturaleza todos los hombres que han ignorado a Dios y no han sido capaces de conocer al que es a partir de los bienes visibles, ni de reconocer al artífice fijándose en sus obras, sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa y a los luceros del cielo, regidores del mundo.
Si, cautivados por su hermosura, los creyeron dioses, sepan cuánto los aventaja su Señor, pues los creó el mismo autor de la belleza.
Y si los asombró su poder y energía, calculen cuánto más poderoso es quien los hizo, pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se descubre por analogía a su creador.
Con todo, estos merecen un reproche menor, pues a lo mejor andan extraviados, buscando a Dios y queriéndolo encontrar.
Dan vueltas a sus obras, las investigan y quedan seducidos por su apariencia, porque es hermoso lo que ven.
Pero ni siquiera estos son excusables, porque, si fueron capaces de saber tanto que pudieron escudriñar el universo, ¿cómo no encontraron antes a su Señor?
Palabra de Dios.

  • SALMO RESPONSORIAL 18, 2-3. 4-5
R. El cielo proclama la gloria de Dios.
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.

  • Aleluya Lc 17, 26-37
R. Aleluya, aleluya, aleluya
Levantaos, alzad la cabeza;
se acerca vuestra liberación. R.

  • EVANGELIO
El día que se revele el Hijo del hombre.
     
Lectura del santo Evangelio según san Lucas, 17, 26-37


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre.
Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente el que esté en el campo, no vuelva atrás.
Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda la recobrará.
Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán».
Ellos le preguntaron:
«¿Dónde, Señor?».
Él les dijo:
«Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».
Palabra del Señor.



Para la puerta de tu nevera

Hay recordatorios que uno pega en la puerta de la nevera, para no olvidarlos jamás. Supongo que es un lugar tan socorrido, porque siempre acabamos abriéndola en los momentos de ansiedad. Dicen que Elizabeth Taylor se hizo fabricar una nevera parlante, que, cada vez que la abría, le insultaba: «Cow! Cow!» (es decir: «¡Vaca!»).
San Pablo pide a Timoteo que ponga a Jesucristo en la puerta de la nevera: Acuérdate de Jesucristo (2Tim 2, 8). Es un recordatorio maravilloso. Busca un crucifijo con un imán, y pégalo allí, junto al aviso que te ha puesto tu hijo para que le compres la Nocilla. Además, hoy el Señor te da un post-it no muy reconfortante, para que lo añadas a esa puerta, que ya parece una pizarra:
Acordaos de la mujer de Lot.
Esa pobre señora, por mirar atrás mientras se quemaban Sodoma y Gomorra, en lugar de mirar hacia delante, al camino que Yahweh le había señalado, quedó convertida en estatua de sal. Te voy a regalar una estatua de sal con imancito, para tu nevera. A ver si así no conviertes tu oración en despacho de urgencias, donde repasas tu apretada agenda, cuando deberías buscar el rostro de Dios.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Jueves de la trigesimosegunda semana de Tiempo Ordinario (14-11-19)

Jueves de la trigesimosegunda semana de Tiempo Ordinario.

  • PRIMERA LECTURA
Irradiación de la luz eterna es la sabiduría, y espejo límpido de la actividad de Dios.
Lectura del libro de la Sabiduría 7, 22-8, 1
La sabiduría posee un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, penetrante, inmaculado, diáfano, invulnerable, amante del bien, agudo, incoercible, benéfico, amigo de los hombres, firme, seguro, sin inquietudes, que todo lo puede, todo lo observa y penetra todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más sutiles.
La sabiduría es más móvil que cualquier movimiento, y, en virtud de su pureza lo atraviesa y lo penetra todo.
Es efluvio del poder de Dios, emanación pura de la gloria del Omnipotente; por eso, nada manchado la alcanza.
Es irradiación de la luz eterna, espejo límpido de la actividad de Dios e imagen de su bondad.
Aun siendo una sola, todo lo puede; sin salir de sí misma, todo lo renueva y, entrando en las almas buenas de cada generación, va haciendo amigos de Dios y profetas.
Pues Dios solo ama a quien convive con la sabiduría.
Ella es más bella que el sol y supera todas las constelaciones.
Comparada con la luz del día, sale vencedora, porque la luz deja paso a la noche, mientras que a la sabiduría no la domina el mal.
Se despliega con vigor de un confín a otro y todo lo gobierna con acierto.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 118, 89. 90. 91. 130. 135. 175
  • R. Tu palabra, Señor, es eterna.
Tu palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo
Tu fidelidad, de generación en generación;
fundaste la tierra y permanece. R.
Por tu mandamiento subsisten hasta hoy,
porque todo está a tu servicio. R.
La explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus decretos. R.
Que mi alma viva para alabarte,
que tus mandamientos me auxilien. R.

  • Aleluya Jn 15, 5
R. Aleluya, aleluya, aleluya
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos - dice el Señor -;
el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante. R.

  • EVANGELIO
El reino de Dios está dentro de vosotros.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas, 17, 20-25
En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús:
«¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?».
Él les contesto:
«El reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: “Está aquí “o “Está allí”, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros».
Dijo a sus discípulos:
«Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis.
Entonces se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».
Palabra del Señor.



Del cielo al cielo

hijo del hombreHace unos días, alguien me dijo: «Padre, he encontrado a Dios dentro de mí». Me alegré, porque gran parte de los cristianos tienen un cielo en el alma, y mueren sin haberlo encontrado. Tendrán que recorrer, más allá de la muerte, el camino hacia el cielo que no recorrieron en vida. A eso llamamos Purgatorio.
Mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros. A ese lugar, en el centro mismo del alma en gracia, donde reina Dios, se refiere Jesús. Recógete y búscalo en el silencio. Cuando lo encuentres, atraviesa el umbral, y quédate a vivir allí, porque allí todo es alegría. Por fuera, en tu cuerpo, en tus afectos, y en el mundo, la muerte y el dolor van ganando terreno, porque es necesario que el cristiano –como Cristo– padezca mucho y sea reprobado por esta generación. Pero, mientras eso sucede, el hombre interior, refugiado en el cielo del alma, vive en permanente fiesta.
Recogido allí, en medio de las tribulaciones de esta vida, esperas a que Jesús vuelva. Y cuando toda carne, al fin, calle ante el Señor, serás revestido de gloria. Habrás pasado, de la dicha de la gracia, a la bienaventuranza de la gloria.

viernes, 29 de abril de 2016

Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde

 “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él. Quien no me ama no guarda mis palabras. La palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Estas cosas os las he dicho estando con vosotros, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da Yo os la doy. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os dije: «Me voy y vuelvo a vosotros». Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que Yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, creáis”.
[Jn 14,23-29]

«Si alguno me ama, guardará mi Palabra»







El Evangelio de este VI Domingo de Pascua, como el del Domingo pasado, también está tomado de las palabras de despedida de Jesús, pronunciadas durante la última cena con sus discípu­los. De aquí se puede deducir su importan­cia; son las últimas recomendaciones de Jesús y la promesa de su asis­tencia futura. Jesús había anunciado su partida en estos términos: «Hijitos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros... adonde yo voy vosotros no podéis venir» (ver Jn 13,33). Como era de esperar, los discípulos se han quedado sumidos en la triste­za, y también en el temor. ¿Quién velará ahora por ellos? Ellos han creído en Jesús, pero ¿quién los sostendrá en esta fe, que los había puesto en contraste con la sinagoga judía? Por eso, junto con anunciar su partida inminente, Jesús asegura a sus discípulos que volverá a ellos: «Me voy y volveré a vosotros». Y no vendrá Él sólo, sino el Padre con Él; y no sólo en una presencia externa, como había estado Él con sus discí­pulos hasta entonces, sino que establece­rán su morada en el corazón de los discípu­los.

 

Para esto, sin embargo, hay una condi­ción que cum­plir: «guardar su Pala­bra». Esa «Palabra» es el don magnífi­co que trajo Jesús al mundo y la herencia que le dejó después de su vuelta al Padre. Han pasado más de veinte siglos y en todo este tiempo el empeño constante de los discípulos de Cristo ha consistido precisa­mente en «guar­dar su Palabra» con la mayor fideli­dad posi­ble. Este es también nuestro empeño hoy. ¿Qué se consigue con todo esto? Como dijimos, esta es la condi­ción para que Jesús venga a sus discí­pu­los: «Si alguno me ama, guardará mi Pala­bra, y mi Padre lo amará, y ven­dremos a él, y haremos morada en él». Pero, ¿cómo hacerlo? El detonante es el amor a Jesús. Sin esto no hay nada. Porque lo amamos a Él y anhelamos su presen­cia, y la del Padre, en nuestro corazón, por eso, guarda­mos su Palabra. Entendemos entonces cuando Jesús nos dice que «mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mt 11, 30).

 

Solamente amando a Jesús podremos vivir de acuerdo a su Palabra. «Todo lo duro que puede haber en los mandamientos lo hace llevadero el amor… ¿Qué no hace el amor? Ved cómo trabajan los que aman; no sienten lo que padecen, redoblando sus esfuerzos a tenor de sus dificultades» (San Agustín, Sermón 96). Para más claridad Jesús agrega: «El que no me ama, no guarda mis palabras». Éste vive ajeno a Jesús y al Padre, dejándose arrastrar -y esclavizar- por los crite­rios y concupiscencias del mundo. El único signo inequívoco de que alguien ama a Jesús verdaderamente es que atesore en su corazón la palabra de Jesús y viva conforme a ella como nuestra querida Madre María siempre lo hizo «su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón» (Lc 2,52). Esto quiere decir «guardar su palabra».

 

Dada su importancia, Jesús se detie­ne a explicar un poco más la expre­sión «guardar su Palabra». Obviamente Jesús no se refiere a una preocupación arqueológica, como si se trata­ra de conservar cuidadosamente los códices en que están escritos los Evange­lios. Jesús no está hablando de algo material. Por eso agrega: «La Palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado». Aquí está expresado un salto inmenso de fe: los discípulos escu­chan hablar a Jesús, pero deben creer que esas palabras que él pronun­cia son Palabra de Dios, y que de Dios proceden. En diversas ocasiones Jesús repite esta verdad: «Yo no hago nada por mi propia cuenta, sino que lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo... lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí» (Jn 8,28; 12,50).
 

viernes, 6 de septiembre de 2013

miércoles, 13 de marzo de 2013

Palabra de Dios en la vida de la Iglesia

Redescubrir el puesto central de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia quiere decir también redescubrir el sentido del recogimiento y del sosiego interior.

jueves, 10 de enero de 2013

"Cuanto más atrás puedas mirar, más adelante verás". Winston Churchill

domingo, 1 de abril de 2012

«¡Bendito el que viene en nombre del Señor!»

Domingo de Ramos. Ciclo B



Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 11, 1- 10

«Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, envía a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y no bien entréis en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os dice: ¿Por qué hacéis eso?, decid: El Señor lo necesita, y que lo devolverá enseguida”. Fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les dijeron: “¿Qué hacéis desatando el pollino?” Ellos les contestaron según les había dicho Jesús, y les dejaron.

Traen el pollino donde Jesús, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él. Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos. Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!”».

Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4 - 7

«El Señor Yahveh me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos; el Señor Yahveh me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás. Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que arrancaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos. Pues que Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado».

Lectura de la carta de San Pablo a los Filipenses 2, 6- 11

«El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús - toda rodilla se doble - en los cielos, en la tierra y en los abismos, - y toda lengua confiese - que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre».

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 14,1-15, 47

& Pautas para la reflexión personal

z El vínculo entre las lecturas

La Iglesia recuerda la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén y da inicio así a la Semana Santa. El Evangelio de este Domingo se puede decir que es doble ya que por un lado, al inicio de la Misa, se lee la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, acompañado por la multitud que lo aclama con ramos de olivos en la mano; y por otro lado, durante la liturgia de la Palabra, se proclama la lectura de la Pasión y Muerte según el Evangelio de San Marcos. Del mismo modo que en las lecturas dominicales de la Cuaresma, la perícopa evangélica es la que marca la pauta y el tema del día; el tema del sufrimiento del Reconciliador estará presente en todas las lecturas; a excepción de la antífona de entrada que explota en el jubiloso grito mesiánico del « ¡aleluya!»

La lectura veterotestamentaria, sacada del tercer cántico del Siervo de Yavheh del profeta Isaías; nos habla de la obediencia sufridora del «Siervo de Dios», y desemboca en el Salmo Responsorial, con los versículos sacados del Salmo 21: «¿Dios mío, Dios mío; porqué me has abandonado?».San Pablo en su carta a los Filipenses relata, en uno de los más antiguos himnos cristológicos, el movimiento kenótico[1]- ascensional que marcará toda la vida y misión de Nuestro Señor Jesucristo; y que encontrará su plenitud en su Pasión - Muerte - Resurrección. Jesús se hace obedece obediente hasta la muerte y muerte de Cruz.

J Domingo de Ramos en la Pasión

El sexto Domingo de Cuaresma o Domingo de Ramos en la Pasión ocupa un lugar muy importante en los cuarenta días previos. Por el título ya sabemos que se refiere a dos aspectos fundamentales que se funden en una sola conmemoración: la entrada de Jesús en Jerusalén y la conmemoración de la Pasión. Sabemos por el relato de la famosa peregrina Eteria[2] que los cristianos de Jerusalén, en los inicios del siglo V, se reunían en el monte de los Olivos en las primeras horas de la tarde, para una larga liturgia de la Palabra; en seguida, al caer ya la noche, se dirigían a la ciudad de Jerusalén, llevando ramos de palmera o de olivo en las manos.

Esta costumbre fue asumida primero en las Iglesias Orientales pasando luego al Occidente (por España y las Galias) pero sin procesión. En esas regiones se entregaba en este Domingo el Símbolo de la Fe (el Credo) y se ungía a los catecúmenos leyéndose el Evangelio de San Juan 12, 1-11 (unción de Jesús en Betania), al cual se le aumentaron los versículos 12-16 (entrada de Jesús en Jerusalén). Por eso el día comenzó a llamarse de Domingo de Ramos pero no como una solemnidad propia. La bendición de los ramos de palmera así como la procesión comienzan a divulgarse alrededor del siglo VII recibiendo, en los siglos posteriores, elementos cada vez más teatrales. En el nuevo Misal existen tres formas de poder conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén de acuerdo a razones pastorales.

JL ¿Qué sucedió para cambiar tan rápido de opinión?

Al participar de esta Solemnidad uno no deja de sorprenderse por el contraste tan evidente entre ambos momentos de la liturgia. Los mismos que acompañaban, que aclamaban, que jubilosos reconocían a Jesús como el Mesías prometido; ésos mismos, pocos días después exigirán a gritos que sea crucificado. ¿Qué ocurrió en esos días para explicar este cambio? Ocurrió que Jesús cayó en desgracia y así perdió todo el favor popular. Los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos mandaron gente con espadas y palos a detenerlo, y Jesús se entregó mansamente para ser llevado ante Pilato y ser acusado. Viendo el pueblo que Jesús no reaccionaba con poder, sino que se dejaba escupir y abofetear le volvió la espalda. Sin embargo no podemos olvidar que existe un plano más profundo que es la encarnizada lucha que se va a dar entre las fuerzas del bien y del mal; entre la vida y la muerte.

J «¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David!»

Jesús entró en Jerusalén proveniente de Jericó. Atra­vesó Jericó acompañado de una gran muchedumbre. Y entonces un ciego se pone a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mi!» (Mc 10,47). Jesús lo hace llamar y le devuelve la vista. Con esto quedaba demostrado que Él era efectivamen­te el «hijo de David». La gente no podía menos que recor­dar la profecía que Natán[3] dijo a David, el Ungido (Mesías) de Dios: «Afir­maré después de ti la descendencia que saldrá de tus en­trañas y consolidaré el trono de su realeza para siempre... ante mí; tu trono estará firme eternamente» (2Sam 7,12.16). Esta era la fama que había precedido a Jesús en su entrada a Jerusalén. Por eso gritan a su paso:«¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David!»

Cuando decían eso, decían literalmente una pro­fecía que se cumplía en Jesús, pero no entendían lo que decían. Jesu­cristo era Rey, el Rey anunciado, pero en el sentido que Dios lo enten­día, no en el sentido que lo entendían los hombres. El Rey de Israel tenía que actuar como hijo de Dios, de manera que fuera Dios el que reinara por medio de él sobre su pueblo. También esto estaba dicho en la profecía de Natán acerca del «hijo de David»: «Yo seré para él padre y él será para mi hijo» (2Sam 7,14). Jesús no cedió nunca a la tentación de un poder terreno; pero este aspecto de la profecía de Natán lo vivió con absoluta fide­lidad. El reino de Dios estaba pre­sente en Él porque Él era Hijo de Dios. Y éstas son las dos cosas que consti­tuyen el núcleo de la predi­cación de Je­sús: el Reino de Dios y la paternidad divina.

J El Rey prometido a Israel

Jesús entró a Jerusalén como Rey, según su verdadera condición. Llama la atención de que, a pesar de ser tan solemne la ocasión (según el Evangelio de Marcos, ésta es la única vez que Jesús viene a Jerusalén), el relato se detenga con tanto detalle en el tema del asno. Cuatro veces se menciona este animal en el breve relato. Si la entrada de Jesús en Jerusalén se relata en 10 versículos, 7 de ellos se emplean en expli­car cómo se obtuvo el asno sobre el cual Jesús se sentó. Más todavía nos sorprende leer que el mismo Jesús a los que envió a traer el asno ordenó decir: «El Señor lo necesita». Es la única vez en el Evangelio en que Jesús expresa una necesi­dad. A Marta, que se agitaba por muchas cosas, Él había enseñado: «Hay necesidad de pocas cosas, o mejor, de una sola» (Lc 10,4­2). ¿Por qué necesita Jesús un asno para entrar en Jerusalén?

Cuando el Evangelista Mateo, leyendo a Marcos, compo­ne su propio Evangelio, se hace la misma pregunta, y en­cuentra la respuesta en una antigua profecía: «Esto suce­dió para que se cumpliese el oráculo del profeta: 'Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asno, en un borrico, hijo de animal de yugo'» (Mt 21,4). En efec­to, así estaba escrito en el libro del profeta Zacarías (9,9). Jesús se procuró un asno y lo consideró necesario para entrar en Jerusalén porque tenía que entrar como el Rey prometido a Israel. El puede prescindir de todo - «no tiene dónde reclinar su cabeza» (Mt 8,20)-; pero nunca de algo que tenga relación con su misión, porque la misión que le encomendó su Padre es esa «única cosa necesaria».

Sabemos que en diversas ocasiones la gente se dirigió a Jesús llamándolo «hijo de David». Pero si nos preguntamos: ¿Quién es el hijo de David que heredó su trono?, la res­puesta correcta es: Salomón. Es interesante repasar la histo­ria del reinado de David y de su sucesión tal como se relata en los libros de los Reyes. Allí veremos que David, ya anciano, dio a sus ministros estas disposiciones para asegurar el trono a su hijo Salomón: «Haced montar a mi hijo Salomón sobre mi propia mula y bajadlo a Guijón. El sacerdote Sadoq y el profeta Natán lo ungirán allí como Rey de Israel, tocaréis el cuerno y grita­réis: ¡Viva el Rey Salomón! Subiréis luego detrás de él, y vendrá a sentarse sobre mi trono y él reina­rá en mi lugar porque lo pongo como jefe de Israel y Judá» (1R 1,33-35). Los presentes interpretaron estas instruc­ciones como mandato de Dios, exclamando: «Amen. Así habla Yahveh, Dios de mi señor el rey» (1R 1,36). Las órdenes de David se cum­plie­ron y la entrada de Salomón fue apoteósica: «Hicieron montar a Salomón sobre la mula del rey David... El sacer­dote Sadoq tomó de la tienda el cuerno de aceite y ungió a Salomón, tocaron el cuerno y todo el pueblo gritó: ¡Viva el Rey Salomón! Subió después todo el pueblo detrás de él; la gente tocaba las flautas y manifestaba tan gran alegría que la tierra se hendía con sus voces» (1Re 1,38-40).

Salomón fue hijo de David, entró a Jerusalén montado en una mula, fue ungido (Mesías) y reinó sobre la casa de Jacob (así se llama a Israel y Judá unidos); pero no se cumple en él la palabra dicha a David acerca de su hijo: «Yo consolidaré el trono de su realeza para siempre» (2S 7,13). Esta profe­cía es verdad sólo en Jesucristo, a quien proclamamos Rey del Universo hasta hoy y así lo haremos hasta el fin del mundo.

J ¡Hosanna!

En cada misa que participamos repetimos la aclamación «¡Hosanna!» en la recitación del «Santo». Es probable que la hayamos cantado miles de veces y ahora la escuchamos en la entrada a Jerusalén...pero ¿cuál es su significado? Esta palabra es la trascripción griega de un verbo imperativo en hebreo que sonaría: hoshiá-na. El verbo es «hoshiá» que significa salvar, liberar. El sujeto era generalmente Dios como vemos en los salmos 21,1; 20,9; 28,9. Pero sobre todo en el Salmo 18,25-27 es muy significativo: «¡Ah, Yahveh, da la salvación!¡Ah, Yahveh, da el éxito! ¡Bendito el que viene en el nombre de Yahveh!... ¡Cerrad la procesión, ramos en mano, hasta los cuernos del altar!». Por eso en cada misa pedimos a Dios que nos salve y reconocemos que esa salvación nos ha sido dada por Jesucristo. El mismo nombre de Jesús significa: «Yahvé salva».

Es importante registrar lo que gritaba el pueblo al paso de Jesús: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!...¡Hosanna en las alturas!». Así fue aclamado Jesús a su entrada en Jerusalén. Estos gritos iban a desencadenar los hechos que lo llevaron a su muerte en la cruz. Todos reconocemos en esos gritos de júbilo la misma aclamación que en cada Misa introduce la plegaria eucarís­tica. Si con esa aclamación se dio entrada a Jesús en Jerusalén, donde iba a ofrecerse en sacrifi­cio muriendo en la cruz, es signi­ficativo que se cante esa aclamación en la acción sacramental que va a hacer presen­te sobre el altar ese mismo sacrificio con toda su efica­cia salvífica. Por eso resulta inoportuno que al canto del «Sanctus» se le acomoden otras palabras. En efecto, adoptar otras palabras en ese lugar de la Misa hace perder toda la ambientación de lo que se está conmemorando.

+ Una palabra del Santo Padre:
«La procesión de Ramos es —como sucedió en aquella ocasión a los discípulos— ante todo expresión de alegría, porque podemos conocer a Jesús, porque él nos concede ser sus amigos y porque nos ha dado la clave de la vida. Pero esta alegría del inicio es también expresión de nuestro "sí" a Jesús y de nuestra disponibilidad a ir con Él a dondequiera que nos lleve.
Por eso, la exhortación inicial de la liturgia de hoy interpreta muy bien la procesión también como representación simbólica de lo que llamamos "seguimiento de Cristo": "Pidamos la gracia de seguirlo", hemos dicho. La expresión "seguimiento de Cristo" es una descripción de toda la existencia cristiana en general. ¿En qué consiste? ¿Qué quiere decir en concreto "seguir a Cristo"?
Al inicio, con los primeros discípulos, el sentido era muy sencillo e inmediato: significaba que estas personas habían decidido dejar su profesión, sus negocios, toda su vida, para ir con Jesús. Significaba emprender una nueva profesión: la de discípulo. El contenido fundamental de esta profesión era ir con el maestro, dejarse guiar totalmente por Él. Así, el seguimiento era algo exterior y, al mismo tiempo, muy interior. El aspecto exterior era caminar detrás de Jesús en sus peregrinaciones por Palestina; el interior era la nueva orientación de la existencia, que ya no tenía sus puntos de referencia en los negocios, en el oficio que daba con qué vivir, en la voluntad personal, sino que se abandonaba totalmente a la voluntad de Otro. Estar a su disposición había llegado a ser ya, una razón de vida.

Eso implicaba renunciar a lo que era propio, desprenderse de sí mismo, como podemos comprobarlo de modo muy claro en algunas escenas de los evangelios. Pero esto también pone claramente de manifiesto qué significa para nosotros el seguimiento y cuál es su verdadera esencia: se trata de un cambio interior de la existencia. Me exige que ya no esté encerrado en mi yo, considerando mi autorrealización como la razón principal de mi vida. Requiere que me entregue libremente a Otro, por la verdad, por amor, por Dios que, en Jesucristo, me precede y me indica el camino.

Se trata de la decisión fundamental de no considerar ya los beneficios y el lucro, la carrera y el éxito como fin último de mi vida, sino de reconocer como criterios auténticos la verdad y el amor. Se trata de la opción entre vivir sólo para mí mismo o entregarme por lo más grande. Y tengamos muy presente que verdad y amor no son valores abstractos; en Jesucristo se han convertido en persona. Siguiéndolo a Él, entro al servicio de la verdad y del amor. Perdiéndome, me encuentro».

Benedicto XVI. Homilía en el Domingo de Ramos, 2007.

J Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana.

1. Leamos y meditemos el relato entero de la Pasión y Muerte de Jesús según San Marcos.

2. ¿Cómo voy a vivir la Semana Santa? ¿Será solamente un fin de semana largo?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 595 – 630.


[1] Kénosis: abajamiento, humillación.
[2] Eteria (finales del siglo IV o inicios del V), monja española que realizó un viaje a Oriente que plasmó en su obra Itinerario. Se ignora la fecha y el lugar de su nacimiento, aunque es de suponer que era gallega pues se alude a su nacimiento en las playas del extremo Occidente. Ha sido conocida, a lo largo de la historia, con diferentes nombres: Geria, Eteria, Egenia o Aiteria. Incansable, viajó por Asia Menor, Egipto, Mesopotamia y Palestina, reflejando en su obra Itinerario la descripción de sus desplazamientos y numerosas notas sobre la vida de las comunidades cristianas de estas regiones en los inicios del cristianismo. Al final del XIX se redescubrió en Italia el relato de su Itinerarium.
[3] Natán. Profeta amigo del rey David, notable por sus decisivas intervenciones durante el reinado davídico (2 S 7.2-17; 12.1-5). Cuando David comunicó a Natán su deseo de edificar una casa o templo para Dios (2 S 7), el profeta contestó con la revelación de Yavheh: no sería David, sino uno de sus descendientes, quien construiría el Templo.