Páginas

A d o n a i

Canal Diocesano - Popular TV

Radio Santa María de Toledo "PAN DE VIDA"

Pueden escuchar el programa de radio "Pan de Vida" del Arzobispado de Toledo, España. Programa dedicado a fomentar la Adoración Eucaristica perpetua en la Diócesis de Toledo desde que se inició en el año 2005. Lo interesante de este programa es que durante la primera media hora son testimonios de personas que participan en la adoración y cómo les ha cambiado la vida. En la segunda parte D. Jesús, sacerdote y rector de la Capilla, aclara dudas que le surge a la gente, con sencillez y fiel a la doctrina. El Horario (ESPAÑA) Jueves 20 a 21 horas-- Viernes 1 a 2 horas-- Sábado 0 a 1 horas-- Domingo 9 a 10 horas

domingo, 26 de septiembre de 2010

«Tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite»

Domingo de la Semana 26ª del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Lectura del libro del profeta Amós 6,1a. 4-7

«¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sión, y de los confiados en la montaña de Samaria! Acostados en camas de marfil, arrellenados en sus lechos, comen corderos del rebaño y becerros sacados del establo, canturrean al son del arpa, se inventan, como David, instrumentos de música, beben vino en anchas copas, con los mejores aceites se ungen, mas no se afligen por el desastre de José. Por eso, ahora van a ir al cautiverio a la cabeza de los cautivos y cesará la orgía de los sibaritas.»

Lectura de la primera carta de San Pablo a Timoteo 6,11-16

«Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas; corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste aquella solemne profesión delante de muchos testigos.

Te recomiendo en la presencia de Dios que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que ante Poncio Pilato rindió tan solemne testimonio, que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo, Manifestación que a su debido tiempo hará ostensible el Bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores, el único que posee Inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni le puede ver. A él el honor y el poder por siempre. Amén.»

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 16,19-31

«"Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. "Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama."

Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros."

"Replicó: "Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento." Díjole Abraham: "Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan." El dijo: "No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán." Le contestó: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite."»

Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

Tiempo y eternidad; recompensa y castigo: son como que dos antípodas que nos pueden servir para aproximarnos a los textos de este Domingo. Esto es evidente en el texto evangélico que sitúa a un rico en la bonanza temporal y a Lázaro sufriendo desgracias en este mundo. También vemos en la Primera Lectura a los ricos samaritanos que viven en orgías y lujo, seguros de sí mismos y olvidan así «el desastre de José». ¿Cómo ganar la vida eterna? San Pablo nos hablará de cómo la fe exige vivir el buen combate en Cristo Jesús para así ganar la vida eterna (Segunda Lectura).

Parábola del rico derrochador y del pobre Lázaro

En el Evangelio de este Domingo Jesús propone una parábola para enseñar de manera viva y radical algunas verdades que resultan incómodas al mundo moderno y que nues¬tra sociedad de consumo no quiere de ninguna manera oír. Pero, oigan o no oigan, la palabra de Jesús es la verdad: el cielo y la tierra pasa¬rán pero sus palabras no dejarán de cum-plirse. Se trata de la parábola del pobre Lázaro y del rico derrochador. Su finalidad es precisamente enseñar qué es lo que ocurrirá a quien, gozando de manera egoísta sus rique¬zas, no quiera escuchar la palabra que es Verdad y Vida.

La parábola presenta tres cuadros sucesivos. Primero la situación del rico y del pobre Lázaro; luego vemos la escena de ambos después de la muerte; finalmente el diálogo del rico con Abrahán pidiendo clemencia por sus cinco hermanos. El rico, sin nombre en la parábola, es conocido comúnmente con el nombre funcional de «Epulón» que proviene de la raíz latina «epulae» que quiere decir comida, banquete, festín y aplicándola al personaje podemos entenderla como comilón o sibarita. El pobre de la parábola se llama «Lazaro». Nombre que proviene del hebreo «Eleazar» o «Eliezer» que significa «Dios ayuda». Es la única vez que aparece un nombre propio en una parábola de Jesús.

La escena sobre esta tierra presenta a los actores con rasgos incisivos: «había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas; y uno pobre, llamado Lázaro, que echado junto a su puerta, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico». En esta tierra el contraste entre uno y otro es total. Esta situación se da hoy: se da entre individuos, entre grupos, entre países. ¡No es una situa¬ción irreal! El rico se divierte, goza con los gustos que le proporcionan sus riquezas, es totalmente insensi¬ble a las necesidades de los pobres, para él es como si no existieran. Vive como que encerrado en una burbuja alienado a la realidad de la pobreza. Es una descripción de nuestra sociedad de consumo, donde la ley suprema es la comodidad, el placer y el afán de "pasarlo bien" sin preocuparse de nada más.

Pero sucede que «un día el pobre murió... y murió también el rico». Finalmente hay plena igualdad. La muerte es una ley pareja e imperturbable, afecta a todos por igual. El rico puede hacer¬lo todo con sus riquezas, pero no puede escapar a la muerte. Y entonces comienza la segunda escena de la parábola, que se introduce así: «el pobre fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; el rico fue sepultado». El seno de Abra¬ham es el símbolo de la felicidad, allí podemos imaginar a Lázaro finalmente son¬riendo. En cambio, el rico fue a dar al hades, lugar de tormentos. Aunque un abismo infranqueable los separa el rico puede ver al pobre. Ahora, el rico se contenta con muy poco: «Gri¬tando, dijo: 'Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama». La situación de ambos se ha invertido. Es lo que hace notar Abraham: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado». Esta nueva situación en que cada uno se encuentra, es eterna.

La eternidad y la libertad

La palabra «eter¬nidad» debe¬ría darnos vértigo. Nunca acabaremos de compren¬der su inmensidad. La eternidad del destino del hombre pone en evidencia la dimensión de esta otra palabra: libertad. La libertad del hombre signifi¬ca que tiene en sus manos la responsabilidad de su destino eterno. En esta breve vida nos jugamos la vida eterna. El diálogo entre el rico y Abraham expresa la irreversibili¬dad de esa situación final: «Entre nosotros y vosotros se inter¬pone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros». ¡No es posible ni siquiera recibir una gota de agua en los labios resecos! Hasta aquí la parábola ha enseñado la responsabilidad en el uso de los bienes de esta tierra. La tierra con todos sus bienes fueron creados para todos los hombres y nadie puede banquetear y consumir cosas lujosas o super¬fluas mientras haya quien carece de lo necesario. La parábola enseña el destino que le espera después de la muerte al que hace aquello.

Pero la parábola agrega una tercera parte, y ésta es un aviso para nosotros que toda¬vía estamos sobre esta tierra y que tal vez no pensamos en estas cosas. En un gesto imposible en un condenado, el rico suplica a Abraham: «Te ruego que envíes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio y no vengan también ellos a este lugar de tormento». Abraham contesta, con razón, que ya tienen quien les advierta: «Tienen a Moisés y los profetas, que los oigan».

«¡Ay de aquellos que se sienten seguros y confiados!»

Los escritos proféticos ya nos hablan sobre estas verdades. Bastaría repasar la Primera Lectura de este Domingo, tomada del profeta Amós: «Ay de aquellos que se sienten seguros en Sión... acosta¬dos en camas de marfil... beben vino en anchas copas... irán al exilio a la cabeza de los cautivos y cesará la orgía de los sibaritas» (Amós 6,1.4-6).La denuncia del profeta Amós se dirige contra el sibaritismo de los habitantes de Samaría[1] que no les interesa más «el destino de José», es decir el fin eminente del Reino de Israel. Su denuncia es contundente: «se acabó la orgía de los disolutos». Iréis al destierro bajo los asirios, encabezando la caravana de cautivos.

Hecho que sucedió treinta años después de haberlo anunciado. Escuchar la Palabra de Dios y abandonar las falsas seguridades que ofrece los bienes materiales es una de las lecciones de la parábola de este Domingo. Notemos que pobreza y riqueza no son conceptos meramente cuantitativos; pesa sobretodo la actitud de apego o desapego de lo que uno tiene. El hombre que pone su confianza y seguridad en Dios es aquel que escucha y vive de acuerdo a plan espiritual que traza San Pablo en la Segunda Lectura. Es el anverso a la «orgía de los sibaritas».

La exhortación de San Pablo a su querido discípulo Timoteo es valedera para todo cristiano: «practica la justicia, la piedad, la fe. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado...Guarda el mandamiento sin mancha y sin reproche». El «mandamiento» se refiere a todo el depósito de la fe confiado a Timoteo para su anuncio y testimonio. Precisamente a continuación del texto que hemos leído viene una exhortación dirigida a los cristianos ricos que hubiera casado perfectamente como comentario de nuestras lecturas dominicales: «A los ricos de este mundo recomiéndales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en lo inseguro de las riquezas sino en Dios, que nos provee espléndidamente de todo para que lo disfrutemos; que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad; de esta forma irán atesorando para el futuro un excelente fondo con el que podrán adquirir la vida verdadera» (1Tim 6,17-19).


Finalmente...ni aunque resucite un muerto

Volvamos a la lectura del Evangelio. Ante la respuesta dada por Abraham, el rico sabe que, lamentablemente, esto no va a impresionar a sus hermanos y por eso insiste: «No, padre Abraham, sino que, si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán». Sigue la sentencia conclusiva de Abraham: «Si no oyen a Moisés y a los profe¬tas, no se convertirán aunque resucite un muer¬to». Nosotros no sólo tenemos a Moisés y a los profetas, que ciertamente haríamos bien en escucharlos, sino que tenemos la enseñan¬za del Hijo de Dios mismo: «en estos últimos tiempos Dios nos ha hablado por el Hijo» (Heb 1,2). Por eso más eficaz que todos los proyectos -ciertamente necesarios- que se puedan desarrollar en nuestro país para «superar la pobreza» sería que cada uno, antes de hacer un gasto superfluo y lujoso, se senta¬ra a leer antes esta parábola atentamente. Si esto no surte efecto, para inducir a una vida más fraterna, solida¬ria y reconciliada; no hay más que hacer ya lamentablemente «no se convence¬rán ni aunque resucite un muerto».

Una palabra del Santo Padre:

«Ante la miseria del proletariado decía León XIII: «Afrontamos con confianza este argumento y con pleno derecho por parte nuestra... Nos parecería faltar al deber de nuestro oficio si callásemos». En los últimos cien años la Iglesia ha manifestado repetidas veces su pensamiento, siguiendo de cerca la continua evolución de la cuestión social, y esto no lo ha hecho ciertamente para recuperar privilegios del pasado o para imponer su propia concepción. Su única finalidad ha sido la atención y la responsabilidad hacia el hombre, confiado a ella por Cristo mismo, hacia este hombre, que, como el Concilio Vaticano II recuerda, es la única criatura que Dios ha querido por sí misma y sobre la cual tiene su proyecto, es decir, la participación en la salvación eterna.

No se trata del hombre abstracto, sino del hombre real, concreto e histórico: se trata de cada hombre, porque a cada uno llega el misterio de la redención, y con cada uno se ha unido Cristo para siempre a través de este misterio. De ahí se sigue que la Iglesia no puede abandonar al hombre, y que «este hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión..., camino trazado por Cristo mismo, vía que inmutablemente conduce a través del misterio de la encarnación y de la redención». Es esto, y solamente esto, lo que inspira la doctrina social de la Iglesia».

Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus annus, 53.

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana

1. Nos dice San Juan Crisóstomo que Abrahán aparece junto a Lázaro porque había sido hospitalario con unos simples peregrinos y hasta los hizo entrar en su tienda. Por ello recibió la bendición de Dios (ver Gn 18,15). El rico, en cambio, no mostraba más que desprecio hacia aquel que estaba en su puerta. ¿Enseño a los miembros de mi familia a que sean generosos y solidarios? ¿Predico con mi ejemplo?¿De qué forma concreta?

2. En la situación concreta en que vive nuestro país, ¿por qué no colaborar activamente en alguna campaña de solidaridad? ¿Participo en algún tipo de voluntariado? El que busca, encuentra...

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 2419- 2425. 2443-2449.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Las parábolas de las cosas perdidas

24º Domingo del tiempo ordinario
Lectio: Domingo, Septiembre 12, 2010


Las parábolas de las cosas perdidas
Reencontrar a Dios en la vida

Lucas 15,1-32

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El evangelio de hoy nos presenta tres parábolas para ayudarnos a profundizar en nosotros la imagen de Dios. La imagen que una persona tiene de Dios influye mucho en su modo de pensar y de obrar. Por ejemplo, la imagen de Dios, juez severo, da miedo y vuelve a la persona muy sumisa y pasiva o rebelde y revolucionaria. La imagen patriarcal de Dios, o sea, Dios patrón, amo , fue y todavía es usada para legitimar las relaciones de poder y dominio, tanto en la sociedad como en la Iglesia, en la familia como en la comunidad. En tiempos de Jesús, la idea que la gente tenía de Dios era la de uno muy distante, severo, juez que amenazaba con el castigo. Jesús revela una nueva imagen de Dios: Dios Padre, lleno de ternura con todos y con cada uno en particular. Y esto es lo que las tres parábolas de este domingo nos quieren comunicar.
A lo largo de la lectura, trata de fijarte en cada detalle, más bien, deja que las parábolas entren en ti y te provoquen. Intenta descubrir lo que tienen de común y trata de confrontarlas con la idea de Dios que tú tienes. Sólo después, intenta analizar los detalles de cada parábola: conducta, gestos, palabras, lugar, ambiente, etc.

c) Una división del texto para ayudar en la lectura

Lucas 15,1-3: La clave que abre el significado de las tres parábolas
Lucas 15,4-7: En la 1ª parábola, tú estás invitado a buscar la oveja perdida
Lucas 15,8-10: En la 2ª parábola, la mujer intenta encontrar la moneda perdida
Lucas 15,11-32: En la 3ª parábola, el padre trata de encontrar a su hijo perdido
Lucas 15,11-13: La decisión del hijo menor
Lucas 15,14-19: La frustración del hijo menor y el deseo de volver a la casa del Padre
Lucas 15,20-24: La alegría del Padre al encontrar al hijo menor
Lucas 15, 25-28b: La reacción del hijo mayor
Lucas 15, 28a-30: La conducta del Padre con el hijo mayor y la respuesta del hijo
Lucas 15, 31-32: La respuesta final del Padre

c) Texto:

1 Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle.2 Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» 3 Entonces les dijo esta parábola:

La oveja perdida
4 «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? 5 Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros 6y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.' 7Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

La dracma perdida
8 «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? 9 Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' 10 Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

El hijo perdido y el hijo fiel: El hijo pródigo
11 Dijo: «Un hombre tenía dos hijos.12 El menor de ellos dijo al padre: `Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.' Y él les repartió la hacienda.13 Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
14 «Cuando se lo había gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país y comenzó a pasar necesidad. 15 Entonces fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. 16 Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pues nadie le daba nada. 17 Y entrando en sí mismo, dijo: `¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! 18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. 19 Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.' 20 Y, levantándose, partió hacia su padre.
«Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. 21 El hijo le dijo: `Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.' 22 Pero el padre dijo a sus siervos: `Daos prisa; traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. 23 Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, 24 porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado.' Y comenzaron la fiesta.
25 «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; 26 y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Él le dijo: `Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.' 28 Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba. 29 Pero él replicó a su padre: `Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; 30 y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!'
31 «Pero él le dijo: `Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32 pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado.'»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto de las tres parábolas que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención?
b) ¿Cuál es el punto central de la parábola de la oveja perdida?
c) ¿Cuál es el punto central de parábola de la moneda perdida?
d) ¿Cuál es la conducta del hijo menor y cuál es la idea que se forma del padre?
e) ¿Cuál es la conducta del hijo mayor y cuál es la idea que se forma del padre?
f) ¿Cuál es la conducta del padre con cada uno de los hijos?
g) ¿Con cuál de los dos hijos me identifico: con el mayor o con el menor? ¿Por qué?
h) ¿Qué tienen en común estas tres parábolas?
i) ¿Refleja nuestra comunidad algo de la ternura de Dios Padre?

5. Para aquéllos que quisiesen profundizar aun más en el tema

a) Contexto de entonces y de ahora:

El capítulo 15 del evangelio de Lucas ocupa un puesto central en el largo camino de Jesús hacia Jerusalén. Este camino comienza en Lucas 19,20. El capítulo 15 es como la cima de la colina desde la cual se contempla el camino recorrido y desde donde es posible observar lo que falta de camino. Es el capítulo de la ternura y de la misericordia acogedora de Dios, temas que se encuentran en el centro de las preocupaciones de Lucas. Las comunidades deben ser una revelación del rostro de este Dios para la humanidad.
Se trata de tres parábolas. Las parábolas de Jesús tienen un objetivo bien preciso. Por medio de estas breves historias sacadas de la vida real intentan conducir a quien las escucha a reflexionar sobre la propia vida y a descubrir en ella un determinado aspecto de la presencia de Dios. En las parábolas las historias de vida son de dos tipos. Algunas historias no son normales y no suelen suceder en la vida de cada día. Por ejemplo, el comportamiento de bondad del Padre con el hijo menor no es normal. En general, los padres tienen conductas más severas con los hijos que obran como el hijo menor de la parábola. Las otras historias son normales y suelen suceder en la vida cotidiana, como por ejemplo, la conducta de la mujer que barre la casa para buscar la moneda perdida. Como veremos, se trata de diversos modos de obligar a las personas a reflexionar sobre la vida y sobre la presencia de Dios en la vida.

b) Comentario del texto:

Lucas 15,1-2: La clave que abre el sentido de las tres parábolas
Las tres parábolas del capítulo 15 están precedidas de esta información inicial: “Todos los publicanos y pecadores se acercaron para escuchar a Jesús. Pero los fariseos y escribas murmuraban: “¡Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos!” (Lc 15,1). Por un lado están los pecadores y publicanos, por el otro fariseos y escribas, y en medio de los dos grupos Jesús. Era lo que estaba sucediendo también en los años 80, cuando Lucas escribe su evangelio. Los paganos se acercaban a las comunidades cristianas, queriendo entrar y participar. Muchos hermanos judíos murmuraban diciendo que acoger a un pagano era contra las enseñanzas de Jesús. Las tres parábolas les ayudaban a discernir. En las tres se advierte la misma preocupación: mostrar lo que se debe hacer para encontrar lo que se ha perdido: la oveja descarriada (Lc 15,4-7), la moneda perdida (Lc 15,8-10), los dos hijos perdidos (Lc 15,11-32).

Lucas 15,3-7: En la 1ª parábola, la invitación que se te hace es para encontrar la oveja perdida
Jesús se dirige a los que lo escuchan: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas…” Él dice “uno de vosotros” . Lo cual significa que tú/vosotros sois interpelados. ¡Tú, él, todos nosotros somos interpelados! Estamos invitados a confrontarnos con la extraña y poco probable historia de la parábola. Jesús pregunta: “¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras aquella perdida, hasta que la encuentra?” Y tú, ¿qué responde a la pregunta de Jesús? Viendo como viene formulada la pregunta, se entiende que Jesús piensa que la respuesta debe ser positiva. ¿Pero será así? ¿Será positiva? ¿Tú correrías el riesgo de perder noventa y nueve ovejas por encontrar a la que se ha perdido? En mi corazón oigo otra respuesta: “Lo siento mucho, pero yo no puedo hacer esto. ¡Sería una locura abandonar las noventa y nueve ovejas en el desierto por encontrar la oveja perdida! Pero el amor de Dios supera las normas de comportamiento normales. Sólo Dios puede realizar una semejante locura, tan extraña, tan lejana de lo que normalmente hacen los seres humanos. El contraste de esta parábola es la crítica de los escribas y fariseos contra Jesús (Lc15,2). Ellos se consideraban perfectos y despreciaban a los otros, acusándoles de pecadores. Jesús dice: “Pero yo os digo: habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por los noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión”. Y en otra ocasión dice: “¡Los pecadores y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos!” (Mt 21,31) Según Jesús, Dios está más satisfecho con la conversión de un publicano o de un pecador, que con noventa y nueve fariseos y escribas justos . Está más satisfecho con la conversión de un ateo que jamás va a la iglesia, que con noventa y nueve católicos que se dicen practicantes y fieles y desprecian a ateos y prostitutas. ¡Es desconcertante esta imagen diversa de Dios que Jesús comunica a los doctores, a los fariseos y a todos nosotros!

Lucas 15,8-10: En la 2ª parábola, la mujer intenta encontrar la moneda perdida
Esta parábola es diversa. La breve historia de la moneda perdida alude al comportamiento normal de la mujeres pobres, que no tienen mucho dinero. La mujer de la parábola apenas tiene diez monedas de plata. En aquel tiempo un dracma valía un día de trabajo. Para las mujeres que son pobres diez dracmas es mucho dinero. Por esto, cuando pierden una de estas monedas, tratan de encontrarla y barren toda la casa hasta que la encuentran. Y cuando la encuentran, la alegría es inmensa. La mujer de la parábola va a hablar con las vecinas: “¡He encontrado la moneda que había perdido!”. Las personas pobres que escuchan la historia, dirán: “¡Muy bien. Así hacemos en casa! ¡Cuando encontramos la moneda perdida la alegría es enorme!” Pues bien, por grande que sea la alegría y muy comprensible de las mujeres pobres, cuando encuentran la moneda perdida, Dios se alegra todavía más por un pecador que se convierte!

Lucas 15,11-32: En la 3ª parábola, el padre trata de encontrarse de nuevo con los dos hijos perdidos
Esta parábola es muy conocida y en ella encontramos cosas que por lo regular suceden en la vida y otras que no suceden. El título tradicional es “El Hijo Pródigo”. En realidad, la historia de la parábola no habla sólo del hijo menor, sino más bien describe la conducta de los dos hijos, acentuando el esfuerzo del padre por reencontrar a los dos hijos. La localización de esta parábola en el capítulo central del evangelio de Lucas indica su importancia para la interpretación de todo el mensaje contenido en el Evangelio de Lucas.

Lucas 15,11-13: La decisión del hijo menor
Un hombre tenía dos hijos. El menor pide la parte de la herencia que le toca. El padre divide todo entre ellos. Tanto el mayor como el menor reciben su parte. Recibir la herencia no es un mérito. Es un don gratuito. La herencia de los dones de Dios está distribuida entre todos los seres humanos, tanto judíos como paganos, ya sean cristianos o no cristianos. Todos tienen algo de la herencia del Padre. Pero no todos la cuidan de la misma forma. Así, el hijo menor se va lejos, y disipa su heredad con una vida disoluta, olvidando al Padre. Todavía no se habla del hijo mayor que recibió también su parte de la herencia. Más adelante sabremos que él continúa en casa, llevando la vida de siempre, trabajando en el campo. En tiempos de Lucas, el mayor representaría la comunidad venida del judaísmo; el menor la comunidad venida del paganismo. Y hoy , ¿quién es el mayor y quién es el menor? ¿Acaso los dos existen en cada uno de nosotros?

Lucas 15,14-19: La frustración del hijo más joven y el deseo de volver a la casa del Padre
La necesidad de tener que comer hace perder al hijo menor su libertad y se vuelve esclavo para ocuparse de cerdos. Recibe un trato peor que el dado a los puercos. Esta era la condición de millones de esclavos en el imperio romano en los tiempos de Lucas. Esta situación hace que el hijo más joven empiece a acordarse de la casa del Padre: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí me muero de hambre!” Examina su propia vida y decide volver a casa. Prepara hasta las palabras que dirá a su Padre: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti: no soy digno de ser llamado tu hijo. Trátame como uno de tus criados!”. El empleado sigue las órdenes, cumple la ley de la servidumbre. El hijo menor quiere cumplir la ley, como querían los fariseos y los escribas en tiempos de Jesús (Lc 15,1). Era lo que los misioneros de los fariseos imponían a los paganos que se convertían al Dios de Abrahán (Mt 23,15). En tiempos de Lucas, los cristianos venidos del judaísmo querían que los cristianos convertidos del paganismo, se sometieran también ellos al yugo de la ley (Act 15,1ss).

Lucas 15,20-24: La alegría del Padre al encontrarse de nuevo con el hijo menor
La parábola dice que el hijo menor todavía estaba lejos de la casa, pero el Padre lo vio, corrió al encuentro y lo cubrió de besos. Jesús nos da la impresión de que el Padre esperaba todo el tiempo en la ventana, mirando en lontananza, para ver asomar al hijo por el camino. Según nuestro modo de sentir y de pensar, la alegría del Padre nos parece un poco exagerada. Él no deja al hijo pronunciar las palabras que éste había preparado. ¡No escucha! El Padre no quiere que su hijo sea su esclavo. Quiere que sea su hijo. Y esta es la gran Noticia que Jesús nos trae. ¡Túnica nueva, sandalias nuevas, anillo al dedo, cordero, fiesta! En esta inmensa alegría del encuentro, Jesús deja también entrever la gran tristeza del Padre por la pérdida del hijo. Dios estaba muy triste y de esto se da cuenta ahora la gente, viendo la enorme alegría del Padre que se encuentra de nuevo con el hijo. Es una alegría compartida con todos en la fiesta que ordena preparar.

Lucas 15, 25-28b: La reacción del hijo mayor
El hijo mayor vuelve del trabajo y ve que hay fiesta en casa. No entra. Quiere saber qué sucede Cuando se ha puesto al corriente del motivo de la fiesta, siente mucha rabia dentro de sí y no quiere entrar. Encerrado en sí mismo piensa tener su derecho. No le gusta la fiesta y no entiende la alegría del Padre. Señal de que no tenía mucha intimidad con el Padre, aun viviendo en la misma casa. Y si hubiese tenido tal intimidad, hubiera notado la inmensa tristeza del Padre por la pérdida del hijo menor y hubiera entendido su alegría por el regreso. Quien se preocupa mucho de observar la ley de Dios, corre el riesgo de olvidar a Dios mismo. El hijo menor, que ha estado viviendo lejos de la casa, parece conocer al Padre mejor que el mayor, que vive en su misma casa. Y así el más joven tiene el valor de volver a la casa del Padre, mientras el mayor no quiere entrar en la casa del Padre. Este no quiere ser hermano, no se da cuenta que el Padre, sin él, perderá la alegría, porque también él, el mayor, es hijo como el menor.

Lucas 15. 28ª-30: La conducta del Padre con el hijo mayor y la respuesta del hijo
El Padre sale de la casa y ruega al hijo mayor que entre. Pero éste contesta: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás he dejado de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. Y ahora que este tu hijo, que ha despilfarrado todas su haberes con prostitutas regresa, para él has matado el novillo cebado.” El hijo mayor se gloría de la observancia cumplida: Jamás he dejado de cumplir una orden tuya. Aunque quiere a su hermano como tal, no lo llama hermano, sino “ este hijo tuyo”, como si no fuese su hermano. Y es él, el mayor, quien habla de prostitutas. Es su malicia la que interpreta así la vida de su joven hermano. ¡Cuántas veces el hermano mayor interpreta mal la vida del hermano menor! ¡Cuántas veces nosotros los católicos interpretamos mal la vida de los otros! El comportamiento del Padre es distinto. Él sale de casa para los dos hijos. Acoge al hijo joven, pero no quiere perder al mayor. Los dos forman parte de la familia. ¡El uno no puede excluir al otro!

Lucas 15,31-32: La respuesta final del Padre
Así como el Padre no presta atención a los argumentos del hijo menor, tampoco tiene en cuenta los argumentos del mayor y le dice: “¡Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo que es mío es tuyo; pero era necesario hacer fiesta y alegrarse, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado!” ¿Era consciente el mayor de estar siempre con el Padre y de encontrar en esta presencia la causa de su alegría? La expresión del Padre: “¡Todo lo mío es tuyo!” incluye también al hijo menor que ha vuelto. El mayor no tiene derecho a hacer distinciones. Si él quiere ser hijo del Padre, deberá aceptarlo como es, y no como le gustaría que el Padre fuese. Esto nos toca a nosotros. Pues todos somos hermanos mayores.

c) Ampliando informaciones:

Las dos economías: la Casa del Padre, la Casa del Patrón

Esta parábola es conocida como la parábola de “El hijo pródigo”, y esto deja insinuar el lado económico. En definitiva, pródigo significa aquel que gasta , a mano abierta, aunque esto es un detalle secundario en la parábola. En verdad, el punto central del texto se encuentra en la elección que el seguidor de Jesús debe hacer cada día: elección entre la Casa del Padre o el sistema de compartir y la casa del patrón o el sistema de acumulación.

La parábola comienza con un joven que pide al padre la parte de la herencia, porque se quiere ir de la casa (Lc 15,12). Salir de la casa del Padre exige que la persona tenga una única cosa que el mundo acepta de buen grado: dinero. Sin dinero, el joven no conseguirá a enfrentarse con el mundo. Pero el joven no tenía la madurez suficiente para administrar el dinero con una vida desenfrenada (Lc 15,13). Para colmo de males, después de acabársele el dinero que tenía, pasa por dificultades económicas, que en la Biblia vienen siempre definidas con la palabra “hambre”. En el mundo bíblico existe la carestía, sólo si la estructura económica entra en colapso. Así pues, el joven empieza a encontrarse en la necesidad (Lc 15,14).

Enfrentarse a las dificultades engendra madurez. El joven se da cuenta de que necesita dinero todavía para sobrevivir en este mundo. Y así, por la primera vez en su vida, va en busca de un trabajo (Lc 15,15). Entra por tanto en la Casa del Patrón, que lo manda a ocuparse de los cerdos. Pero el hambre es mucha, el salario no es suficiente y él intenta saciar el hambre comiendo de lo que se le ha dado a los puercos (Lc 15,16). Mientras tanto, en la casa del patrón las cosas no son tan fáciles: la comida de los puercos es para los puercos. El jornalero debe comer del salario que gana sirviendo. Tanto como el hambre del jornalero, es la preocupación del patrón por engordar a los cerdos. El joven descubre que en la casa del patrón se le niega la comida, no se comparte en la casa del patrón, ni siquiera la comida de los cerdos.¡Cada uno para sí!

A partir de la experiencia vivida en la casa del patrón, el joven comienza a comparar la situación actual con la situación que se vive en la casa de su padre. En la Casa del Padre los jornaleros no tienen hambre, porque el pan se comparte con todos los jornaleros. En la casa del Padre ninguno se queda sin comer, mucho menos los jornaleros. El joven decide entonces volver a la casa del Padre. Ahora, ya tiene la suficiente madurez para reconocer que no puede ser considerado como hijo y pide al padre un trabajo. En la casa del padre los trabajadores no tienen hambre, porque se comparte el pan.

Algunos creen que el hijo vuelve porque tiene hambre. Su regreso sería un oportunismo. No se trata de esto, sino más bien de una elección por un determinado modelo de casa. En la casa del patrón, nada se comparte, ni siquiera las algarrobas de los cerdos. En la casa del Padre, ninguno tiene hambre, porque la misión de la Casa del Padre es la de “saciar de bienes a los hambrientos” (Lc 1,53). El compartir es lo que impide que haya hambre en la casa del Padre. Pero el joven descubre esto, porque en la casa del patrón tiene hambre. Comparando los dos modelos de casa el joven hace su elección: prefiere ser un empleado en la casa de su padre, lugar del compartir, lugar en el que nadie tiene hambre, donde todos se sacian. Así regresa a casa del padre pidiendo un trabajo (Lc 15,17-20).

Colocando esta reflexión en el corazón de su Evangelio, Lucas está dando un aviso a las comunidades cristianas que se están organizando en el sistema económico del imperio romano, Este sistema está simbolizado en la parábola por la casa del patrón, donde los cerdos reciben más atención que los trabajadores, o sea, lo invertido más que el trabajo. En la Casa del Padre, o sea, en la casa de los cristianos, no puede dominar este sistema. Los cristianos deben centralizar su vida en el compartir los bienes. Compartir los bienes quiere decir romper con el sistema imperial de la dominación. Quiere decir romper con la casa del patrón. En el libro de las Actas vemos que una de las características de la comunidad cristiana estaba en el compartir los bienes (Act 2,44-45; 4,32-37).

Lucas quiere recordarnos que la señal mayor del Reino es la mesa común en la Casa del Padre, quiere decir, compartir todo en la mesa común de la comunidad. Ninguno puede ser excluido de esta mesa. Todos estamos llamados a compartir. Como recordamos continuamente en nuestras celebraciones: no hay ninguno tan pobre que no pueda compartir algo. Y no hay uno tan rico que no tenga nada que recibir. La mesa común se construye con el compartir de todos. Y así la fiesta en la Casa del Padre será eterna.

Las tres parábolas tienen algo en común: la alegría y la fiesta. Quien experimenta la entrada gratuita y sorprendente del amor de Dios en la propia vida se alegra y quiere comunicar esta alegría a todos. La obra de salvación de Dios es fuente de alegría y gozo: “¡Alegraos conmigo!” (Lc 15,6-9) Y precisamente de esta experiencia de la gratuidad de Dios nace el estar alegres y festejar. (Lc 15,32). Al final de la parábola, el Padre pide que haya alegría y fiesta. La alegría parecía que disminuyese por el hermano mayor que no quiere entrar. Piensa en una alegría sólo con sus amigos y no con todos los demás, de la misma familia humana. Representa a aquellos que se consideran justos y no tienen necesidad de conversión.

6. Oración de un Salmo

Salmo 63(62): Tu amor vale más que la vida

Dios, tú mi Dios, yo te busco,
mi ser tiene sed de ti,
por ti languidece mi cuerpo,
como erial agotado, sin agua.
Así como te veía en el santuario,
contemplando tu fuerza y tu gloria,
-pues tu amor es mejor que la vida,
por eso mis labios te alaban-,
así quiero bendecirte en mi vida,
levantar mis manos en tu nombre;
me saciaré como de grasa y médula,
mis labios te alabarán jubilosos.

Si acostado me vienes a la mente,
quedo en vela meditando en ti,
porque tú me sirves de auxilio
y exulto a la sombra de tus alas;
mi ser se aprieta contra ti,
tu diestra me sostiene.

Mas los que tratan de acabar conmigo,
¡caigan en las honduras de la tierra!
¡Sean pasados a filo de espada,
sirvan de presa a los chacales!
Pero el rey en Dios se alegrará,
el que jura por él se felicitará,
cuando cierren la boca a los mentirosos.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Las condiciones para poder ser discípulos de Jesús

23º Domingo del tiempo ordinario
Lectio: Domingo, Septiembre 5, 2010


Las condiciones para
poder ser discípulos de Jesús

Lucas 14,25-33

Oración inicial

Shadai, Dios de la montaña,
que haces de nuestra frágil vida
la roca de tu morada,
conduce nuestra mente
a golpear la roca del desierto,
para que brote el agua para nuestra sed.
La pobreza de nuestro sentir
nos cubra como un manto en la oscuridad de la noche
y abra el corazón para acoger el eco del Silencio
para que el alba
envolviéndonos en la nueva luz matutina
nos lleve
con las cenizas consumadas por el fuego de los pastores del Absoluto
que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro,
el sabor de la santa memoria.

1. LECTIO

a) El texto:

25 Caminaba con él mucha gente y, volviéndose, les dijo:26 «Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.27 El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
28 «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?29 No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: 30 `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.' 31 O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.33 Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

b) Momento de silencio:

Dejamos que la voz del Verbo resuene en nosotros.

2. MEDITATIO

a) algunas preguntas:

- Si uno viene a mí y no odia...no puede ser mi discípulo: ¿Estamos convencidos que es necesario llegar a separarse de todo lo que ata el corazón: afectos recibidos y dados, la vida misma, por seguir a Jesús?
- Quien no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo: ¿Llevo en mí la lógica de la cruz, es decir, la lógica del amor gratuito?
- Los medios para llevarlo a cabo: ¿La capacidad de pensar informa mi vida de fe o más bien ésta se reduce a un impulso interior que se desvanece en el devenir de las tareas cotidianas?
- Para evitar que todos los que lo vean empiecen a burlarse: ¿Vale para mí también la recompensa de quien empieza a seguir al Señor y después no tiene medios humanos, o sea la burla de la incapacidad?
- Quien no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo: ¿Estoy convencido de que la clave del seguimiento es la pobreza del no poseer, sino la felicidad de pertenecer?

b) Clave de lectura:

Entre la gente que sigue a Jesús estamos también nosotros con nuestras maletas repletas de páginas leídas y vividas. Uno entre tanto, nuestro nombre se pierde. Pero cuando Él se vuelve y su palabra alcanza el dolor de los lazos que estrechan con fuerza los pedazos de nuestra vida, las preguntas se enredan en el valle de los ecos más antiguos y una sola humilde respuesta emerge de las ruinas de las construcciones incumplidas: Señor ¿a quien iremos? Tú sólo tienes palabras de vida eterna.

v. 25-26. Caminaba con Él mucha gente y volviéndose les dijo: “Si alguno viene junto a mi y no odia a su padre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida no puede ser discípulo mío”. Al Señor no le interesa tener en cuenta las personas que vienen a Él. Sus palabras son fuertes y liberan de toda ilusión. ¿Quién no sabe lo que significa odiar? Si yo odio una persona, no estoy lejos. Esta discriminación entre el Señor y los afectos familiares es la primera exigencia del apostolado. Para aprender de Cristo es necesario encontrar en Él el núcleo de todo amor e interés. El amor de quien sigue al Señor no es un amor de posesión, sino de libertad. Andar tras una persona sin la seguridad que puede dar un lazo de sangre como es el de los vínculos familiares y el lazo de la propia sangre o sea con la propia vida, equivale a hacerse discípulos, lugar de vida que nace de la Sabiduría divina.

v. 27 El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. El único lazo que ayuda a seguir a Jesús es el de la cruz. Este símbolo del amor que no se arredra, capaz de ser palabra incluso cuando el mundo pone todo a callar con la condena y la muerte, es la lección del Rabí nacido en la pequeña aldea de Judea.

v. 28. ¿Quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?Construir una torre exige un gasto no indiferente para el que tiene pocos recursos. El buen deseo de construirse a sí mismo no es suficiente para hacerlo, es necesario sentarse, calcular los gastos, buscar los medios para llevar adelante el trabajo. La vida del hombre queda incumplida e insatisfecha, porque a veces ¡tanto el proyecto de la construcción es maravilloso, cuanto más enorme son las deudas de la obra! Un proyecto sobre medida: no saber calcular lo que está en nuestra capacidad de cumplir, no es la sabiduría del que luego de haber arado espera la lluvia, sino es la inconciencia de quien espera la granazón y la siega de las semillas arrojadas entre piedras y rocas, sin fatigarse en preparar el terreno.

v. 29-30. No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: “Éste comenzó a edificar y no pudo terminar”.
La burla de los otros que llega como granizo sobre los sentimientos de esperanza de quien quería llegar al final con solo sus fuerzas, es el precio a la propia arrogancia vestida de buena voluntad. Cuántas humillaciones lleva cada quien consigo, pero qué pocos frutos recogemos de estas experiencias de dolor. Poner los cimientos y no terminar la construcción, sirve de bien poco. Los deseos que se quiebran alguna vez son buenos tutores de nuestro ingenuo afirmarnos.... pero nosotros no lo comprenderemos hasta que intentamos cubrir el fracaso y la desilusión del despertar del mundo fabuloso de los sueños de la infancia. Jesús nos pide hacernos niños sí, pero un niño no pretenderá nunca construir ¡una torre “verdadera”!. Se contentará con una pequeña torre sobre la arena del mar, porque conoce bien su capacidad.

vv. 31-32. O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil pueda salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Ninguna batalla se podrá jamás ganar sin embajadas de paz. Combatir por obtener la supremacía real sobre otro, es de por sí una batalla perdida. Porque el hombre no ha sido llamado a ser rey para el dominio, sino señor de paz. Y acercarse al otro mientras está todavía lejano es la señal más bella de la victoria, donde ninguno pierde ni gana, sino todos son siervos de la única soberana del mundo: la paz, la plenitud de los dones de Dios.

v. 33. Pues de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. Si se declinan los vicios capitales, se descubren las modalidades de tener de las que habla Jesús. Un hombre que modela su vida sobre el tener es un hombre vicioso: el que pretende tener poder sobre todo (soberbia), de gozar a todo placer (lujuria), de salir del límite como derecho que le pertenece (ira), de estar saturado de bienes (gula), de robar lo que es de los demás (envidia), de quererlo todo para sí (avaricia), de arrojarse en la apatía, sin empeñarse en hacer algo (pereza). El discípulo al contrario que viaja sobre los rieles de la virtud, vive de los dones del Espíritu: un hombre que posee el sentido de las cosas de Dios (sabiduría) y lo dona sin apropiárselo, que penetra el significado esencial de todo lo que es Vida (entendimiento), que escucha la voz del Espíritu (consejo) y se hace eco de todo discernimiento (consejo), que sabe dejarse proteger por el límite de su ser hombre (fortaleza) y no cede a las lisonjas de la trasgresión, que sabe conocer los secretos de la historia (ciencia) para construir horizontes de bien, que no se arroga el derecho de dar sentido, sino que acoge la fuente de lo divino (piedad), que bebe en los abismos del silencio, que da gracias por todas las maravillas de su Creador (temor de Dios) sin temer su pequeñez. Un discípulo así, es otro Jesús.

c) Reflexión:

El corazón del hombre es una red de lazos. Ligaduras de ternura y de gratitud, de amor y de dependencia, lazos con todo lo que toca al sentimiento. Jesús parte de los lazos de consaguinidad: padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas, y lazos de la propia vida que en la mentalidad semita está simbolizada por la sangre. Pero el corazón debe estar libre de estos lazos para poder andar con Él y crear un vínculo nuevo que da vida, porque deja a la persona la libertad de ser lo que es. Todo discípulo sólo tiene una tarea: la de aprender, no la de depender. Los lazos de sangre crean dependencia: ¡cuantos chantajes afectivos impiden a los hombre construir la torre de su existencia! ¡Cuantas veces esas palabras de¡Si tú me quieres , haz así! O ¡Si me quieres, no lo hagas! La misma vida te puede aprisionar cuando te une a lo que no te va fisiológicamente o a lo que piensas para las condiciones de una historia trabajada o a lo que se escoge desordenadamente por una voluntad hecha débil por multitud de lazos. La cruz no ata, te constriñe para que de todo lo que cargues en ti salga, sangre y agua, hasta la última gota: toda la vida como don que no espera recompensa.
Pertenecer más que poseer: el secreto del amor gratuito del Maestro y del discípulo, Quien sigue a Jesús no es un discípulo cualquiera que aprende cualquier clase de doctrina, sino que se convierte en discípulo amado, capaz de narrar las maravilla de Dios, cuando el fuego del Espíritu hace de él una llama sobre el candelero del mundo.

3. ORATIO

Salmo 23

Yahvé es mi pastor, nada me falta.
En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas.

Me guía por cañadas seguras
haciendo honor a su nombre.
Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas ante mí una mesa,
a la vista de mis enemigos;
perfumas mi cabeza,
mi copa rebosa.

Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días.

4. CONTEMPLATIO

Señor, mientras te vuelves y tu mirada se posa sobre mi, tus palabras bullen en mi mente para ponerme delante lo que es toda mi vida. Es como si unas tijeras me cortase dulcemente, pero sin temblor, los muchos cordones umbilicales de los que saco el alimento para poder ir adelante. Y esta acción decidida y necesaria me devuelve el pleno respiro de mi ser libertad. La Escritura lo dice en las primeras páginas de la historia humana: El hombre dejará a su padre y a su madre y andará hacia una realidad nueva toda suya, hacia la unidad de un amor persona, capaz de fecundidad y de vida nueva. Pero nosotros no hemos cogido la palabra clave de todo este maravilloso proyecto, una palabra que embaraza porque es como las olas del mar sobre las cuáles no se puede dejar andar con seguridad, la palabra: movimiento. La vida no se para. Un amor y una vida recibida de un padre y de una madre. Sí, un amor lleno, pero que no cierra los horizontes. El hombre dejará andará… Un hombre y una mujer, dos en uno, de los hijos que serán el rostro de su amor, pero que mañana dejarán para andar otra vez...si te paras, para aferrarte a la vida, la vida muere en tu presa. Y con ella muere también tu sueño nunca escuchado, aquel del amor pleno que no se acaba jamás. Danos Señor, el entender que amor es seguir, escuchar, andar, pararse, perderse para encontrarse en un movimiento de libertad que cumple toda ansia de posesión perenne. No permitas que por el deseo de tener la vida, yo pierda el gozo de mi pertenecía a la vida, a aquella Vida divina que entra y sale en mí para otros y en los otros y de los otros para mí, para hacer de los días que pasan olas de Libertad y de Don en los confines de todo lo vivido. Que yo sea por siempre el discípulo amado de la Vida que muere, capaz de acoger en herencia la filiación y la custodia en tu espíritu de toda auténtica maternidad.

jueves, 2 de septiembre de 2010

1er Jueves de mes: día de Comunión y Adoración


Promesa hecha el 25 de febrero de 1949

“Hija mía, haz que yo sea amado, consolado y reparado en mi Eucaristía. Haz saber en mi nombre que cuantos hagan bien la comunión con sincera humildad, fervor y amor, durante los primeros jueves de mes consecutivos y pasen una hora de Adoración ante mi sagrario en íntima unión conmigo, les prometo el Cielo.

Di que honren, por medio de la Eucaristía, mis santas llagas, honrando primero la de mi sagrada espalda, tan poco recordada.

Quien al recuerdo de mis llagas una la de los dolores de mi Madre bendita y por ellos nos pida gracias espirituales o corporales, tiene mi promesa que serán concedidas, a menos que no sean daño para sus almas. En el momento de la muerte traeré conmigo a mi Santísima Madre para defenderlos”.

Resumen de las condiciones

a) comunión con sincera humildad, fervor y amor al menos dos primeros jueves de mes seguidos
b) una hora de adoración al Santísimo Sacramento
c) honrando la llaga de la espalda y las demás (por ejemplo, las de los clavos y la lanza)

Beata Alexandrina Maria da Costa

Nace en el año 1904 en Balasar (diócesis de Braga), pequeño centro rural, en Portugal, y muere en el mismo lugar en 1955, cuando tenía 51 años de edad.

También ella tiene en su vida puntos de semejanza con Teresa Neumann, Marthe Robin y el Padre Pío. No tenía los estigmas visibles pero durante 30 años permanece inmovilizada en el lecho. A menudo revivía la Pasión del Señor, en forma tan patética que impresionaba grandemente a quienes asistían. Diariamente tenía diálogos con Jesús y con la Virgen. Como Marthe, como el P. Pío, era asaltada y golpeada por Satanás y los espíritus del mal.

Alexandrina, hija de madre soltera, crece en medio de grandes dificultades económicas y también psicológicas por su falta de padre y lo que el medio condicionaba en ella por su circunstancia. Sin embargo, su carácter era abierto, vivaz, optimista. De su madre recibió educación religiosa seria y profunda. Fue a la escuela sólo durante un año y medio. A los ocho años empezó a trabajar bajo patrón. A los 12 fue víctima de una muy grave enfermedad y corrió el riesgo de morir. A los 14 era una señorita y de su persona, fina y delicada, emanaba gran fascinación. En una ocasión unos individuos trataron, tres en total, tomaron por asalto la casa de Alexandrina, cuando ella, su hermana y una amiga estaban empeñadas en la costura, con la intención de violarlas. Alexandrina, para salvar su pureza, no hesitó en lanzarse por la ventana y como consecuencia de la caída se hirió en la columna vertebral con gravísimas consecuencias. Fue atendida médicamente durante siete años pero inútilmente y terminó por quedar postrada, paralizada en el lecho.

Al comienzo hizo de todo por sanar. Le rogaba a Dios le diera la gracia de la salud, pero cuando se dio cuenta que aquella era su misión, es decir el sufrimiento, aceptó de corazón el calvario y lo vivió hasta su muerte con una sonrisa en los labios.

El 25 de abril 2004 fue proclamada Beata por el Papa Juan Pablo II.

En palabras del Postulador de la causa de beatificación, el P. Pasquale Liberatore sdb, “Alexandrina es una crucificada. Desde los 21 años y durante 30, queda postrada en el lecho hasta su muerte. Desde octubre del 38 hasta marzo del 42, es decir por tres años y medio, vive, hasta visiblemente, la Pasión de Cristo, que duraba cada semana del jueves al viernes. Entraba en éxtasis y revivía varias fases de la Pasión, así como la relatan los Evangelios. Sus padecimientos llegaban al culmen entre las 12 y las 3 de la tarde del viernes. A los testimonios se han sumado films y fotos. Sin saber cómo (ya que estaba paralítica desde 1925), al mediodía Alexandrina descendía de la cama. Cuando revivía la Pasión se movía como si la parálisis no existía. Repetía la agonía de Jesús en el Getsemaní, que era larga y penosa y emitía quejidos profundos y sollozos. Luego seguían, como si fuese un film, todos los otros episodios de la Pasión: la captura por los soldados, el proceso ante Pilato, la flagelación, la coronación de espinas, el camino al Calvario, la crucifixión. Alexandrina trasuntaba un enorme sufrimiento, estaba pálida, sudaba, sus cabellos se le empastaban. Después se notaban heridas en todo su cuerpo. En esos momentos estaba totalmente insensible a agentes exteriores de dolor. Caía camino al Calvario y quedaba como aplastada en tierra. Una vez un médico intentó levantarla y no pudo ni con la ayuda de otros dos colegas. No llegaron a alzarla ni siquiera un milímetro. Terminado el éxtasis quedaba ligera. En aquel tiempo pesaba sólo 34 kilos. Luego de marzo del 42, después de sufrir la Pasión vino el ayuno total. Durante los últimos 13 años y 7 meses de su vida no comió ni bebió nada. Su único alimento era la Eucaristía que el párroco le traía todas las mañanas. Jesús le había dicho: “No te alimentarás más en la tierra. Tu alimento es mi carne. Tu sangre mi sangre. Grande es el milagro de tu vida”.

Ningún médico creía que pudiese acontecer algo así y querían demostrar que todo era un fraude. Llegaron a convencer a Alexandrina a someterse a un control científico, en ambiente hospitalario. La única condición que puso Alexandrina fue la de recibir todas las mañanas la Santa Comunión. En junio del 43 se hicieron las experiencias en un hospital cercano a Oporto. El especialista, Dr. Henrique Gomes de Araújo, que guiaba la verificación era profesor miembro de la Real Academia de Medicina de Madrid y miembro de la Sociedad Portuguesa de Química. Quedó aislada durante 40 días y bajo estricta vigilancia. Pese a que eran médicos agnósticos debieron concluir que se encontraban ante un hecho absolutamente inexplicable.

A los sufrimientos del ayuno y de la Pasión se agregaban las vejaciones diabólicas y las incomprensiones de los hombres, incluso (y esto era lo peor) de Iglesia. El Demonio la tentaba contra la fe, la asaltaba arrojándola del lecho e hiriéndola.

La misión de Alexandrina era la de sacudir al mundo acerca de los efectos del pecado, invitando a la conversión, ofreciendo testimonio de vivísima participación a la Pasión de Cristo y por tanto a la redención del hombre.

La beata quería cerrar el infierno. Sobre su tumba hizo poner este epitafio: “Pecadores, si las cenizas de mi cuerpo pueden ser útiles para salvaros, acercaos, pasad por encima, pisotead hasta que desaparezcan. Pero, no pequéis más, no ofendáis más a nuestro Jesús! Pecadores, querría deciros tantas cosas! Para escribirlas todas no bastaría todo este gran cementerio. Convertíos. No ofendáis a Jesús! No queráis perderlo para toda la eternidad! Él es tan bueno. Basta con el pecado. Amad a Jesús. Amadlo!”

Su misión fue expiatoria y de intercesión.

Pedidos y promesas del Señor hechos a la Beata Alexandrina Maria da Costa, mensajera de la Eucaristía

Promesa hecha el 25 de febrero de 1949

“Hija mía, haz que yo sea amado, consolado y reparado en mi Eucaristía. Haz saber en mi nombre que cuantos hagan bien la comunión con sincera humildad, fervor y amor, durante los primeros jueves de mes consecutivos y pasen una hora de Adoración ante mi sagrario en íntima unión conmigo, les prometo el Cielo.

Di que honren, por medio de la Eucaristía, mis santas llagas, honrando primero la de mi sagrada espalda, tan poco recordada.

Quien al recuerdo de mis llagas una la de los dolores de mi Madre bendita y por ellos nos pida gracias espirituales o corporales, tiene mi promesa que serán concedidas, a menos que no sean daño para sus almas. En el momento de la muerte traeré conmigo a mi Santísima Madre para defenderlos”.

“Habla de la Eucaristía, que es prueba de amor infinito, que es el alimento de las almas.

Di a las almas que me aman, que vivan unidas a mí durante el trabajo, en sus casas, sea de día que de noche, se arrodillen a menudo en espíritu y con la cabeza inclinada digan:

‘Jesús, te adoro en cada lugar donde moras sacramentado, te hago compañía por aquellos que te desprecian, te amo por aquellos que no te aman, te doy alivio por aquellos que te ofenden. Jesús, ¡ven a mi corazón!”

“Estos momentos serán para mí de gran alegría y consuelo. ¡Qué crímenes se cometen contra de mí en la Eucaristía!

“Que la devoción a los sagrarios sea bien predicada y propagada, porque por días y días las almas no me visitan, no me aman, no reparan,…No creen que yo vivo allí. Quiero que en las almas se encienda la devoción hacia estas prisiones de Amor…Son muchos los que, aún entrando en las iglesias, ni siquiera me saludan y no se detienen un momento a adorarme.”

“Lejos del Cielo, lejos de Jesús son todos los que están lejos del sagrario… ¡Oh, si el sagrario fuese bien comprendido! El sagrario es la vida, es el amor, es la alegría, es la paz. El sagrario es el lugar de dolor, de ofensas, de sufrimiento. El sagrario es despreciado; Jesús del sagrario no es comprendido”

“Yo querría muchos guardias fieles, postrados ante los sagrarios, para no dejar que ocurran tantos y tantos crímenes!”

“Que me pidan todo cuanto quieran estando ante mi presencia, delante del sagrario. Es de allí que viene el remedio para todos los males.”

El Señor le explicó el motivo por el cual Alexandrina, viviendo los últimos 13 años de vida de la sola Eucaristía, sin alimentarse con nada más. Le dijo:

“Hago que tú vivas sólo de mí, para mostrar al mundo el valor de la Eucaristía, y que es mi vida para las almas… Háblales a las almas, hija mía, háblales del Rosario y de la Eucaristía! El Rosario! El Rosario! El Rosario! La Eucaristía, mi Cuerpo, mi Sangre!”

Según cuenta Alexandrina en su “Autobiografía”, fue en Póvoa de Varzim que hizo su primera comunión..”Yo tenía entonces 7 años…Tomé la comunión de rodillas y a pesar de que era pequeña de talla pude fijarme en la Sagrada Hostia de tal manera que se quedó impresa en mi alma. Creí entonces unirme a Jesús para no separarme nunca más de Él. Él tomó posesión de mi corazón, así me parece. La alegría que sentía no se puede expresar. A todos les anunciaba la buena nueva... »

“Tú eres el sagrario que Yo he elegí, para que Yo more en él y en él repose. Quiero saciar tu sed por mi Sacramento de amor.

Tú eres como el canal por donde pasarán las gracias que quiero distribuir a las almas y a través del cual las almas vendrán a mí. Me sirvo de ti para que muchas almas vengan a mí. Por tu intermedio muchas almas serán estimuladas a amarme en la Santísima Eucaristía.”

Nota: se solicitan adoradores para la zona de San Isidro, Bs. As. Argentina

domingo, 29 de agosto de 2010

El que se humilla será ensalzado.

22º Domingo del tiempo ordinario
Lectio: Domingo, 29 Agosto, 2010

La parábola de los primeros y los últimos puestos:
el que se humilla será ensalzado

Lucas 14,1.7-14


1. Escucha del texto

a) Oración inicial

Señor, todos tenemos una sed insaciable de escucharte, y tú lo sabes, porque tú nos has creado así. «Tú sólo tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). Creemos en estas palabras, de estas palabras tenemos hambre y sed; por estas palabras, con humildad y amor, comprometemos toda nuestra fidelidad. «Habla, Señor, que tu siervo te escucha» (1 Sam 3,9). Es la oración del inconsciente Samuel, la nuestra es un poco diversa, pero ha sido justo tu voz, tu Palabra, la que ha cambiado el temblor de la antigua oración en el deseo de un hijo que le grita a su Padre: Habla porque tu hijo te escucha.

b) Lectura del Evangelio:

1 Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban observando.
7 Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: 8 «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú 9y, viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: `Deja el sitio a éste', y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto. 10 Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te invitó, te diga: `Amigo, sube más arriba.' Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. 11Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
12 Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y tengas ya tu recompensa. 13 Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; 14 y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.»

c) Momentos de oración silenciosa:

Para ser alcanzados por la Palabra de Cristo y para que la Palabra hecha carne, que es Cristo, pueda habitar en nuestros corazones y nosotros podamos adherirnos a ella, es necesario que haya una escucha y un silencio profundo.



2. La Palabra se ilumina (lectio)

a) Contexto:

La parábola de la elección de los últimos lugares está situada en sábado, cuando Jesús está ya en Jerusalén, donde se cumplirá el misterio pascual, donde se celebrará la eucaristía de la nueva alianza, a la cual le seguirá después, el encuentro con el viviente y el encargo de la misión de los discípulos que prolongará la de Jesús. La luz de la Pascua permite ver el camino que el Señor hace recorrer a todos aquellos que son llamados para representarlo como siervo, diakonos, en medio de la comunidad, recogida en torno a la mesa. Es el tema lucano de la comunión o participación. La realidades más hermosas las ha realizado Jesús, las ha proclamado y enseñado a la mesa, en un ambiente de banquete.

En el capítulo 14, Lucas, con su hábil arte de narrador, pinta un cuadro, en el cual superpone dos imágenes: Jesús, a la mesa, define el rostro de la nueva comunidad, convocada en torno a la mesa eucarística. La página está dividida en dos escenas: la primera la invitación a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos en día de fiesta, un sábado (Lc 14, 1-6); luego, la enseñanza con dos pequeñas parábolas sobre el modo de elegir los puestos a la mesa y los criterios para hacer las invitaciones (Lc 14, 7-14); finalmente la parábola de los invitados al banquete (Lc 14,15-16), en la que aparece el problema de los invitados: ¿quién participará en la mesa del reino? Esta participación se prepara desde este momento hasta la hora de la relación con Jesús, que convoca en torno a él a las personas en la comunidad-Iglesia.

b) Exégesis:

- el sábado: día de fiesta y de liberación

He aquí el versículo de Lucas: « Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban observando» (Lc 14, 1). Jesús es invitado un día festivo por un responsable de los movimientos de los observantes o fariseos. Jesús está a la mesa. En este contexto sucede el primer episodio: la curación de un hombre hidrópico, impedido por su enfermedad de participar a la mesa. Aquellos que están marcados en su carne están excluidos de la comunidad de los observantes, como sabemos por la Regla de Qumran. La comida del sábado tiene carácter festivo y sagrado, sobre todo para los observantes de la ley. En el día de sábado, de hecho, se hace memoria semanal del éxodo y de la creación. Jesús, justamente en día de sábado, devuelve la libertad y devuelve la salud plena a un hombre hidrópico.

Él justifica su gesto ante los maestros y observantes de la ley con estas palabras: « ¿Quién de vosotros, si se le cae un ano o buey al pozo no lo saca inmediatamente en día de sábado?». Dios está interesado en las personas y no sólo en las propiedades del hombre. El sábado no se reduce a una observancia externa del descanso sagrado, sino que está en favor del hombre. Con esta preocupación dirigida al hombre, se da también la clave de lo criterios de convocación a esta comunidad simbolizada por la mesa: ¿cómo hacer la elección de los puestos? ¿a quién invitar y quién participará al final en el banquete del Reino? El gesto de Jesús es programático: el sábado está hecho para el hombre. Él realiza en día de sábado lo que es el significado fundamental de la celebración de la memoria de la salida de Egipto y de la creación.

- sobre la elección de los puesto y de los invitados

Los criterios para elegir los puestos no se basan en la precedencia, o sobre los papeles o notoriedad, sino que se inspira en el actuar de Dios que promueve a los últimos, «porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.» (Lc 14, 11). Este principio que cierra la parábola del nuevo libro de urbanidad, que tira por tierra los criterios mundanos, hace alusión a la acción de Dios por medio del pasivo «será ensalzado». Dios exalta a los pequeños y a los pobres, así como Jesús ha introducido en la mesa de la fiesta sabática al hidrópico excluido.

Luego vienen los criterios sobre la elección de los invitados. Se excluyen los criterios de recomendación o de solidaridad corporativa: « No llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos... …» « Al contrario, cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos...» (Lc 14, 12.13). El elenco comienza con los pobres, que en el evangelio de Lucas son los destinatarios de las bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de los cielos». En el elenco de los invitados, los pobres están concretizados como los disminuidos físicamente, excluidos por las confraternidades farisaicas y por el ritual del templo (Cf. 2Sam 5, 8; Lv 21, 18).

Este elenco se vuelve a encontrar en la parábola del banquete: pobres, cojos, ciegos y mancos toman el puesto de los invitados al respecto (Lc 14, 21).

Esta segunda parábola sobre el criterio de los invitados se cierra con esta proclamación: «Y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos» (Lc 14, 14), al final de los tiempos, cuando Dios manifieste su señorío comunicando la vida eterna. Hay una frase de uno de los comensales, en este momento, que hace de lazo de unión entre las dos pequeñas parábolas y el banquete de cena. «Uno de los comensales, habiendo oído esto, dijo: «¡Bienaventurado el que coma el pan del reino de Dios!”» (Lc 14, 15). Esta parábola que hace alusión a la bienaventuranza del reino y a la condición para participar en el mismo mediante la imagen del banquete, «comer el pan», situa la parábola del banquete dentro de su significado escatológico. Sin embargo, este banquete final, que es el reino de Dios y la plena comunión con él, se prepara en la comunión actual. Jesús narra esta parábola para interpretar la convocación de los hombres con el anuncio del reino de Dios a través de su actuación histórica.



3. La palabra me ilumina (para meditar)

a) Jesús, estando en casa del fariseo que lo había invitado a comer, observa cómo los invitados eligen los primeros puestos. Es una actitud muy común en la vida, no solamente cuando se está a la mesa: cada uno busca el primer puesto en la atención y en la consideración por parte de los demás. Todos, comenzando por nosotros mismos, tenemos experiencia de ello. Pero, debemos tener cuidado, porque las palabras de Jesús, que exhortan a abstenerse de buscar el primer puesto, no son simplemente una palabras de urbanidad; ellas son una regla de vida. Jesús aclara que es el Señor el que da a cada uno la dignidad y el honor, no somos nosotros a dárnoslo, tal vez presumiendo de nuestros propios méritos. Como hizo en las Bienaventuranzas, Jesús echa por tierra el juicio y el comportamiento de este mundo. El que se reconoce pecador y humilde, será exaltado por Dios, el que, por el contrario, pretende que se le reconozcan sus méritos y busca los primeros puestos, arriesga el autoexcluirse del banquete.

b) « No te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú... y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto » (Lc 14,8-9). Parece que Jesús juegue con los tentativos infantiles de los invitados que se preocupan por alcanzar la mejor posición; pero, su intención es mucho más seria. Hablando a los jefes de Israel, él muestra cuál es el poder que edifica las relaciones del reino: "El que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado » (Lc 14,11). Les describe “el buen uso del poder", fundado sobre la humildad. Es el mismo poder que Dios libera en la humanidad en la encarnación: "Al servicio de la voluntad del Padre, a fin de que toda la creación vuelva a él, el Verbo “no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz" (Fil 2,6-8). Esta kenosis gloriosa del Hijo de Dios “tiene la capacidad” de curar, reconciliar y liberar a toda la creación. La humildad es la fuerza que edifica el reino y la comunidad de los discípulos, la Iglesia.



4. Para orar - Salmo 23

El salmo parece girar en torno al título “El Señor es mi pastor”. Los santos son la imagen del rebaño que está en camino: ellos van acompañados por la bondad y la lealtad de Dios, hasta que lleguen definitivamente a la casa del Padre (L.Alonso Schökel, I salmi della fiducia, Dehoniana libri, Bologna 2006, 54)

Yahvé es mi pastor, nada me falta.
En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas.

Me guía por cañadas seguras
haciendo honor a su nombre.
Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas ante mí una mesa,
a la vista de mis enemigos;
perfumas mi cabeza,
mi copa rebosa.

Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días.

Oración final

«Señor, gracias a tu luz que ha venido sobre mí y ha aclarado en mi vida la convicción de que soy un pecador. He comprendido un poco más profundamente que tu Hijo Jesús es mi Salvador.
Mi voluntad, mi espíritu, todo mi ser, se aferra a Él. Dios mío, que me venza la omnipotencia de tu amor. Destruye las resistencias que, a menudo, me hacen rebelde, las nostalgias que me impulsan a equivocarme, a ser perezoso; que tu amor lo venza todo, a fin de que yo pueda ser un trofeo feliz de tu victoria.
Mi esperanza está afincada en tu fidelidad. Aunque deba crecer en el torbellino de la civilización, que me convierta en una flor, y que tu veles sobre esta primavera que ha brotado de la Sangre de tu Hijo.
Tú nos miras a cada uno, nos curas, velas sobre nosotros; tú, el que cultivas esta primavera de vida eterna: tú, el Padre de Jesús y Padre nuestro; ¡tú, el Padre mío!» (Anastasio Ballestrero).

miércoles, 25 de agosto de 2010

domingo, 22 de agosto de 2010

La puerta estrecha y el anuncio de la conversión de los paganos

21º Domingo del tiempo ordinario
Agosto 22, 2010


Lucas 13,22-30

1. LECTIO

a) Oración inicial:

Estamos delante de ti, oh Padre, y no sabiendo como dialogar contigo nos ayudamos con las palabras que tu Hijo Jesús ha pronunciado por nosotros. Concédenos escuchar la resonancia comprometedora de esta palabra: “Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque muchos, os digo, tratarán de entrar y no lo conseguirán”. Es una palabra que dices Tú a cada hombre y mujer que oyen el evangelio de tu Hijo. Concédenos comprenderla. Para poder leer tu Escritura y gustarla, sentirla arder como un fuego dentro de mi, te suplicamos, oh Padre: danos tu Espíritu. Y Tú, María, Madre de la contemplación, que has conservado por tanto tiempo en el corazón las palabras los acontecimientos y los gestos de Jesús, concédenos contemplar la Palabra, escucharla, y dejarla penetrar en el corazón.

b) Lectura del texto:

22 Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. 23Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» Él les dijo: 24 «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán.
25 «Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: `¡Señor, ábrenos!' Y os responderá: `No sé de dónde sois.' 26 Entonces empezaréis a decir: `Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras plazas'. 27Pero os volverá a decir: `No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los malhechores!'
28 «Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. 29 Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios.
30 «Pues hay últimos que serán primeros y hay primeros que serán últimos.»

c) Momentos de silencio orante:

Para ponernos en “religiosa escucha” de la voz de Dios es necesario un clima de silencio, de calma interior. Es necesario crear en el propio corazón “ un rincón tranquilo en el que poder tener un contacto con Dios “ (E. Stein) es poder realizar una comunicación profunda entre tú y la Palabra. Si no estás en silencio delante de Dios, en silencio para interrogar su Rostro, abriréis, sí, los labios, pero para decir nada.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura:

El pasaje de la liturgia de este domingo está inserto en la segunda parte del evangelio de Lucas y donde la ciudad de Jerusalén, meta del camino existencial y teológico de Jesús, se menciona varias veces, de las que tres forman parte del itinerario litúrgico post-pascual: Lc 9,51 (13º domingo ordinario “C”), Lc 13,22-30 (21º domingo ordinario “C”), y Lc 17,11 (28º domingo ordinario “C”). La noticia del viaje, colocada al principio del texto evangélico, ayuda al lector a pensar que está en camino con Jesús hacia Jerusalén. El camino hacia la ciudad santa es el hilo rojo que atraviesa toda la segunda parte del evangelio (Lc 9,51-19,46) y la mayor parte de las narraciones comienzan con verbos de movimiento que presentan a Jesús y a sus discípulos como peregrinos o itinerantes. El camino de Jesús hacia la ciudad santa no es en sentido estricto un itinerario geográfico, sino que corresponde a un viaje teológico, espiritual. Tal recorrido compromete también al discípulo y al lector del evangelio: el “estar” en viaje con Jesús los configura como itinerantes en su mandato de anunciar el evangelio.

A través de este viaje se asoma la polémica con el mundo judaico que en Lc 13,10-30 se cuenta en tres episodios: 13,10-17 (la curación de la mujer encorvada), 18-21 (las parábolas del grano de mostaza y la levadura) y en 22-30 (el discurso de la puerta estrecha). Este último es el texto propuesto por la liturgia de la Palabra de este domingo y está así articulado. Ante todo una noticia de viaje que crea el fondo al discurso de Jesús que viene presentado mientras “pasaba por ciudades y aldeas, enseñando” (v.22). Es una característica lucana contradistinguir el ministerio de Jesús como viaje.

Ahora, en una etapa de este itinerario hacia Jerusalén alguien interpela a Jesús con una pregunta: “¿Cuántos son los que se salvan?”. La respuesta de Jesús no declara ningún número sobre los salvados, pero con una exhortación - amonestación, “esforzaos”, indica la conducta a seguir: “entrar por la puerta estrecha”. La imagen reclama al discípulo y a la comunidad de Lucas a dirigir la propia preocupación sobre el deber exigente que el camino de la fe pide. Luego de esto, Jesús introduce una enseñanza verdadera y propia con una parábola que asocia a la imagen de la puerta estrecha la del dueño de la casa que, cuando la cierra, nadie puede entrar (v.25). Esto último evoca el final de la parábola de las diez vírgenes en Mt 25,10-12. Estos ejemplos están para indicar que hay un tiempo intermedio en el cual es necesario empeñarse por recibir la salvación, antes que la puerta se cierre de modo definitivo e irreversible.

También la participación en los momentos importantes de la vida de la comunidad, la cena del Señor (“hemos comido y bebido con Él”) y la proclamación de la Palabra (“tú has enseñado en nuestras plazas”), si no conllevan por cada uno un empeño de vida, no pueden evitar el peligro de la condena. El evangelio de Lucas ama presentar a Jesús participando en la mesa de quien lo invita, pero no todos los que se sientan a la mesa con Él tienen automáticamente derecho a la salvación definitiva que viene a anunciar con la imagen del banquete. Así, también, el haber escuchado su enseñanza no te asegura automáticamente que serás salvado. De hecho, en Lucas, la escucha de la palabra de Jesús es condición indispensable para ser discípulo, pero no suficiente, se necesita la decisión de seguir al maestro, guardando sus enseñanzas y llevar fruto en la perseverancia. (Lc 8,15).

Aquellos que no han conseguido entrar por la puerta estrecha antes de que se cerrase, se llaman “operadores de iniquidad”: son los que no se han empeñado en realizar el plan de Dios. Su situación futura viene presentada de modo figurativo con una expresión que habla de la irreversibilidad de no ser salvados: “Allí será el llanto y el crujir de dientes” (v.28)

Es interesante la referencia a los grandes patriarcas bíblicos (Abrahám, Isaac, Jacob) y a todos los profetas: ellos entrarán a formar parte del reino de Dios. Si a los contemporáneos de Jesús esta afirmación podía parecer que la salvación era como un derecho de Israel, para los cristianos de la comunidad de Lucas constituía un aviso a no considerar de modo automático esta modalidad salvífica. El reino que Jesús anuncia se convierte en lugar donde se encuentran discípulos que vienen de “oriente y occidente, de septentrión y del sur” (v.29). El discurso de Jesús inaugura un dinamismo de salvación que envuelve a toda la humanidad y se dirige sobre todo a los pobres y enfermos (Lc 14, 15-24). Lucas, más que los otros evangelistas, es sensible al anuncio de una salvación universal y presenta a Jesús que ofrece la promesa de la salvación no sólo para Israel, sino para todos los pueblos.

Una señal de este cambio de condición de salvación es la afirmación final: “los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” (v.30). Una afirmación que indica cómo Dios destroza y rompe los mecanismos de la lógica humana: ninguno debe confiar en las posiciones que ha conseguido, sino que es invitado a estar siempre sintonizado con la onda del evangelio.

b) Algunas preguntas:

i) La puerta estrecha de la salvación reclama la necesidad de parte del hombre de empeñarse en acceder a tal don. La imagen no dice que Dios quiere hacer difícil la entrada a la salvación, sino que subraya la corresponsabilidad del hombre, la concreteidad del trabajo y el empeño de alcanzarla. El pasar por la puerta estrecha – según Cipriano – indica transformación: “¿Quién no desea ser transformado lo más pronto posible a imagen de Cristo?” La imagen de la puerta estrecha es símbolo de la obra de transformación que empeña al creyente en un lento y progresivo trabajo sobre sí mismo para delinearse como personalidad plasmada por el evangelio. Precisamente el hombre que arriesga la perdición es aquel que no se propone ninguna meta y no se empeña en ninguna relación de reciprocidad con Dios, con los otros y con el mundo. Muchas veces la tentación del hombre es proponerse otras puertas, aparentemente más fáciles e utilizables, como la del repliegue egoísta, no importarle la amistad con Dios y las relaciones con los demás. ¿Te empeñas en construir relaciones libres y maduras o estás replegado sobre ti mismo? ¿Estás convencido de que la salvación se te es dada mediante la dimensión relacional de comunión con Dios y con los otros?.

ii) La salvación es una realidad posible para todos. Todo hombre puede conseguirla, pero a tal oferta por parte de Jesús es necesario una efectiva y personal repuesta por parte del hombre. En la enseñanza de Jesús no hay ningún uso de la amenaza para concientizar al hombre sobre la salvación, sino una invitación a ser plenamente conscientes de la oportunidad extraordinaria e irreversible del don de la misericordia y de la vida en relación y en el diálogo con Dios. ¿Hacia dónde y hacia qué cosa orientas tu vida? ¿Qué uso haces de tu libertad? ¿Sabes acoger la invitación de Dios a ser corresponsable de tu salvación o te abandonas a la dispersión-perdición?

iii) Ante la pregunta de aquel que pidió al Señor: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” Ninguno puede considerarse un privilegiado. La salvación pertenece a todos y todos son llamados. La puerta para entrar puede permanecer cerrada para los que pretenden entrar con las maletas llenas de cosas personales inconsistentes. ¿Sientes el deseo de pertenecer a aquella “escuadra infinita que desde oriente a occidente se sentarán a la mesa del reino de Dios”?. Y si te ves el último (pequeño, sencillo, pecador, encorvado por el sufrimiento...) no desesperes si vives de amor y esperanza. Jesús ha dicho que los últimos serán los primeros.

3. ORATIO

a) Salmo 117, 1-2

¡Alabad a Yahvé, todas las naciones,
ensalzadlo, pueblos todos!

Pues sólido es su amor hacia nosotros,
la lealtad de Yahvé dura para siempre.

b) Oración final:

Oh Señor, haz que sintamos la viveza de tu Palabra que hemos escuchado; corta, te rogamos, los nudos de nuestra incerteza, los lazos, de nuestros “sí” y “pero” que nos impiden entrar en la salvación por la puerta estrecha. Concédenos acoger sin miedo, sin muchas dudas, la palabra de Dios que nos invita al deber y al trabajo de la vida de fe: Oh Señor, haz que tu Palabra escuchada en este domingo, día del Señor, nos libere de las falsas seguridades sobre la salvación y nos dé gozo, nos refuerce, nos purifique y nos salve. Y tú, María, modelo de escucha y de silencio, ayúdanos a vivir, auténticos, de entender que todo lo que es difícil se convertirá en fácil, lo que es obscuro se hará luminoso en la fuerza de la Palabra.

4. CONTEMPLATIO

La contemplación es el momento culminante de la lectura bíblica meditada y orada. Contemplar es entrar en una relación de fe y de amor, mediante la escucha de la Palabra, con Dios que es vida y verdad y que en Cristo nos ha revelado su rostro. La Palabra de Dios te descubre aquel rostro escondido en cada página de la Sagrada Escritura. Basta mirar con admiración, abrirse a la luz, dejar que te penetre. Es el éxtasis que se experimenta delante de lo bello y de lo bueno. Prolonga en tu vida de cada día el clima de esta gran comunicación que has experimentado con Dios en la escucha de su Palabra y conserva el gusto de la belleza en el diálogo con los otros, en el trabajo que desarrolles.